Un «búnker» contra los virus más peligrosos

EFE

SOCIEDAD

El laboratorio de máxima seguridad «P4 Inserm/Jean Mérieux», construido en forma de araña en el barrio de Gerland, alberga agentes patógenos de clase 4, el nivel más alto de la escala de peligrosidad de los virus.

11 mar 2008 . Actualizado a las 18:32 h.

Unos treinta científicos de todo el mundo trabajan desde el año 2000 con los virus más peligrosos del planeta en un laboratorio concebido como un verdadero búnker en el corazón de la ciudad de Lyon. Fundado en 1999, el laboratorio de máxima seguridad «P4 Inserm/Jean Mérieux», construido en forma de araña en el barrio de Gerland, alberga agentes patógenos de clase 4, el nivel más alto de la escala de peligrosidad de los virus.

Su creador, Charles Mérieux, quería que fuera «la Meca de la Ciencia» y como misiones principales tenía «obtener resultados fundamentales de alto nivel y asegurar una misión de salud pública para estar listo para funcionar con vacunas en caso de epidemia», explica Hervé Raoul, el director del laboratorio.

Cada vez son más numerosos los científicos extranjeros, en particular de Japón, China y Nepal, formados en el «P4» de Lyon.

Gran plataforma de investigación abierta a la comunidad científica internacional de muy alto nivel, esta estructura, con menos de una decena de equivalentes en el mundo, es un instrumento dotado de grandes medidas de seguridad para el estudio de virus responsables de desastres en África o Asia: Lassa, Ébola, Nipa, Hendra, Marburg.

«El P4 se debe concebir como una instalación nuclear de base, de ahí su organización muy particular», indica Raoul antes de enumerar las muy numerosas medidas de seguridad del laboratorio, que acoge a unos treinta científicos.

Cuidadosa selección

Blindado, sólo es accesible para un puñado de personas cuidadosamente seleccionadas: «Cualquier persona que entre sin acuerdo del director del laboratorio se expone a seis meses de cárcel y 7.500 euros de multa», advierte un cartel a la entrada. El laboratorio, despresurizado, está rodeado de cuatro cámaras herméticas, equipadas con duchas detergentes.

Todos los residuos son tratados a una temperatura de 128° y «nada, con excepción de los científicos, sale vivo de este laboratorio», precisa su director. Detrás de él, a través de una serie de cristales blindados, cuatro científicos equipados con impresionantes escafandras blancas conectadas a entradas de aire puro pinchan y observan a pequeños hámsters dormidos. «La manipulación de los animales es lo más peligroso», asegura Branca Horvat, científica de origen croata, directora de investigación en inmunobiología en el P4 desde hace dos años.

«Nuestras escafandras son muy sólidas pero el peligro puede venir de unos agujeritos en los guantes», subraya la científica, que no olvida el riesgo de mordisco por parte de macacos, hámsters, ratones o hurones utilizados en Lyon. Siguiendo con atención los gestos de sus colegas tras el cristal, Christina, joven viróloga alemana de 29 años, recién salida del laboratorio, expresa su satisfacción: «Es muy excitante haber sido aceptada como investigadora en el P4. Siempre he querido estudiar los virus con tantas posibilidades para mis experiencias». «Todos los protocolos de seguridad son pesados y frenan un poco nuestro trabajo», matiza Geraldine Mercier, responsable del animalario, «pero, a pesar de todos los peligros y dificultades, al venir aquí he cumplido mi sueño profesional».