Un gallego revela que la agricultura aceleró la evolución genética de las poblaciones

| sandra alonso
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Redacción

El nacimiento de la agricultura supuso una de las mayores transformaciones de la humanidad. Pero ¿qué impulsó a las sociedades tradicionales de cazadores-recolectores a iniciar la transición de su modelo económico? ¿Cuál fue el proceso evolutivo que siguió a este cambio y cuáles son las huellas genéticas que han quedado de esta transformación? La respuesta a estas preguntas es uno de los clásicos de la literatura científica en un debate aún no cerrado y al que ahora ha contribuido de forma significativa el investigador gallego Antonio Salas, científico del programa Ramón y Cajal en la unidad de medicina genómica y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidade de Santiago, en un trabajo que hoy publica la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) .

En un estudio en colaboración con un grupo estadounidense y otro francés, en el que se encontraba el Premio Nobel Jean Dausset, los científicos reconstruyeron las huellas moleculares que ha dejado la evolución a partir del análisis genético de nueve grupos poblacionales de pigmeos, asociados a la caza-recolección, y de 20 grupos de agricultores bantúes. En ambos casos el puzle evolutivo se remonta a 70.000 años atrás en la selva ecuatorial del centro de África, mucho antes incluso de la gran migración subsahariana a Europa y Asia (conocida como Out-of-Africa ), momento en el que ambos grupos comenzaron a diferenciarse para dar lugar a las poblaciones humanas que existen actualmente. De la transición de la caza-recolección a la agricultura en esta zona del planeta se sabía muy poco hasta ahora y estos dos colectivos poblacionales apenas habían sido caracterizados genéticamente.

Fuerte impacto

A raíz del trabajo desarrollado por Salas y sus colaboradores, se ha comprobado que la transición de la caza-recolección a una economía basada en la agricultura, proceso iniciado hace entre 12.0000 y 10.000 años, aceleró la evolución, ya que provocó un fuerte impacto evolutivo en el acervo genético de las poblaciones humanas.

Una prueba de ello es la expansión bantú, que a partir de la selva ecuatorial se prodigaron por casi toda el África subsahariana en uno de los grandes cambios experimentados en la historia de la humanidad. «En la investigación también se ha podido comprobar que las poblaciones de pigmeos y bantúes no eran cerradas, sino que existió una interacción entre ellas, un flujo genético datado hace 40.000 y 20.000 años y que iba en dirección de los pueblos pigmeos, que dejaban su refugio en la selva para acercarse a los poblados, a los de los agricultores. Este intercambio se mantuvo de forma continuada en distintas épocas hasta hace 4.000 años, pese a que las leyes sociales prohibían los matrimonios entre hombres pigmeos y mujeres bantúes, aunque no era así al revés.

«La población de agricultores -explica el científico Antonio Salas- tiene un acervo genético más diverso que los grupos pigmeos. Esto es debido a que estas poblaciones han estado en contacto con grupos nómadas y han recibido entradas importantes de otros grupos poblaciones durante el proceso de expansión poblacional que supuso la llegada de las tecnologías asociadas a la agricultura».

Población ancestral

En el trabajo también quedó determinada la existencia de una población ancestral entre ambos grupos poblaciones, los bantúes y los pigmeos, que es lo que hace que hoy en día sigan compartiendo una buena parte de su acervo genético.

En trabajos precedentes y publicados en revistas de gran impacto, Salas también concretó cómo fue la ruta de esclavos de África a América.

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