Ballenas y vacas

MEDIO FERRADO | O |


MUCHA gente se felicitará hoy porque, en una isla caribeña, un grupo de potencias pesqueras se haya puesto de acuerdo para mantener las limitaciones a la caza de ballenas. Japón y Noruega, naciones muy «civilizadas», son las principales enemigas de los cetáceos; tras estas dos potencias, una recua de pequeños países que al parecer obtienen de Japón ayudas al desarrollo a cambio de su voto a favor de mantener la pesquería.? Ya hay razones económicas para sostener la veda de las ballenas: un creciente turismo que paga por observar las evoluciones de estos gigantes en su medio natural. Otro grupo de argumentos se refiere a la superior inteligencia de estos animales. Y por detrás de este último razonamiento, el valor simbólico de la ballena en Occidente: el monstruo que llevó a Jonás, la casa flotante de Pinocho, el delfín que salva a los náufragos en el Egeo e incluso la figura misteriosa que adorna los megalitos de Carnac a Fisterra. Para los japoneses, en cambio, las ballenas que capturan son «cucarachas del mar». En su opinión, los cetáceos no son más listos que las vacas. Como ellas, son un recurso que se aprovecha matándolas.? Si tenemos suerte, veremos ballenas en libertad. Vacas, es menos probable. Y a los que nos criamos con vacas, que filosofamos con el adival en la mano, que fuimos testigos del bautizo de Moritas, Palomas y Conchadas, la falta de aquella presencia maternal, aquella mirada paciente, aquel aroma balsámico, nos hace envidiar para las vacas la suerte de las ballenas.

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