Tonecholandia

LUIS VENTOSO

SOCIEDAD

VIDAS EJEMPLARES

05 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Hay dos Galicias. Una se gasta lo que no tiene en edificios de vanguardia; la otra valla las leiras con somieres. Una Galicia arma multinacionales; la otra cree que la empresa más puntera son los favorciños de la Diputación. Una Galicia comienza a ser un desierto verde. La otra ve cómo enormes pueblos dormitorio eclosionan en los flancos de las ciudades (la Xunta, con agudeza, construye autovías gratuitas para comunicar la soledad con el vacío, mientras las ciudades viven un atasco perenne). Una Galicia ocupa el 70% de la programación de TVG. La otra desenchufa, hastiada de emotivas conexiones en directo con la enésima festa do queixo. Hay una Galicia que se nutre de nuestra cultura, nuestra historia y nuestra lengua y triunfa en el tercer milenio (los tebeos de Prado, el folk bueno, las esculturas de Leiro, Valle y Cunqueiro, los tigres de la moda). Otra Galicia apuesta por el refrito madrileño con acento enxebre y no se come nada. Existe una Galicia que cree que en vez de chorimicar va siendo hora de fundar un partido nacionalista tranquilo (no una agrupación enfurruñada y arroutada) que defienda los intereses de este país esquinado, ahora que España está de rebajas. Hay otra Galicia que lo fía todo al sucursalismo, al Gobierno amigo, a «lo bueno que te es el ministro, que hasta veranea en Sanjenjo». Una Galicia curra y otra está a velas vir. Pronto, antes de que la UE nos corte el grifo de los fondos, habrá que elegir si queremos ser Holanda o Tonecholandia.