El Barrañán que conoció Hitchcock

El director de cine nunca visitó la playa gallega, pero la historia se ha asentado como una leyenda urbana Galicia es el punto de partida para anécdotas falsas que se dan por ciertas


redacción

Hace cuarenta años, en 1963, Alfred Hitchcock estremeció a los espectadores de Los pájaros al convertir inofensivas aves en animales letales que tomaban en masa el apacible pueblo costero de Bodega Bay, cerca de San Francisco. Pero la ciudad del célebre Golden Gate podría haberse convertido en A Coruña y Bodega Bay en Barrañán, porque, al parecer, Hitchcock buscó localizaciones para su filme en esta parte de la costa gallega. La anécdota se ha repetido como verídica en incontables ocasiones, pero nadie conoció al director, nadie del lugar lo vio, no ha quedado rastro de su paso por estas tierras. Los pájaros en Barrañán es el clásico relato de leyenda urbana, o, como se decía antes con un punto de política incorrección, un cuento chino.Las leyendas urbanas, rumores que a fuerza de repetirse y extenderse se dan por ciertos, funcionan porque contienen lo que a todos les gusta escuchar: la realidad no debe estropear la fantasía de una buena historia. Hay varios ingredientes para ello. Uno fundamental es que el suceso narrado sea extraordinario. Hace pocas semanas se alertó de la presencia de cocodrilos en el río Neira, en la provincia de Lugo. Alguien aseguró haberlos visto, los demás lo repitieron y hasta salió en televisión; nadie los encontró. Los periodistas ya han acuñado una expresión para estas noticias: «la serpiente del verano». En Vilagarcía, hubo un tiempo en que se decía que una rata gigante vivía en el parque. Tampoco apareció. Si la leyenda urbana es graciosa, mayor facilidad para su difusión. Por Internet circula un correo electrónico con un supuesto informe pericial en el que un albañil gallego relata su desafortunada gestión de un palé de ladrillos que lo acaba enviando al hospital. Cada vez que se lee en una reunión familiar o en la pausa del café en la oficina no faltan las risas y hay quien pregunta: ¿cómo puede haber alguien que se exprese así? Pues la hilarante historia en realidad es una canción que popularizó el grupo irlandés The Dubliners, bajo el título de The sick note (La carta del enfermo). Cuando le pusieron música al relato, ya estaba bien asentado como leyenda urbana. ¿Cómo acabó siendo gallego el albañil protagonista, si es una historia de alcance universal? Las leyendas urbanas también tienen su grano de verdad, que es el estereotipo que adorna la historia. Por algo les llamábamos cuentos chinos.

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