Un cirujano lucense y dos estomatólogos desarrollan la unidad de cirugía de cabeza y cuello en Uganda Mugisha y su madre bajaron a Kampala desde las áridas tierras del norte, cerca de Somalia. La mujer mira asustada al grupo de blancos que examinan a su hijo. No habla inglés, el idioma oficial de Uganda, y sólo el doctor Kasangaki logra arrancarle y descifrar algunas palabras de su dialecto. Mugisha se muere de inanición y de asfixia. Su mandíbula se le ha soldado al cráneo, a causa de algún antiguo traumatismo, y no puede alimentarse ni respirar. Pero es afortunado: entrará en el quirófano. Quizá el bisturí del cirujano lucense José Joaquín Mendonça Caridad pueda evitar que su existencia se trunque a los ocho años.
31 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Como cada mañana, en el hospital de Mulago los doctores Kasangaki y Ekoku, los dos cirujanos maxilofaciales con que cuenta Uganda, trataban de suplir con su esfuerzo la penuria de medios y la avalancha de enfermos. Su alta cualificación profesional, obtenida en China y Ucrania, les supone un salario prohibitivo en el país: 300 dólares, lo que cuestan dos noches en un confortable hotel para blancos en Kampala. Junto a tres ayudantes, integran el único servicio de cirugía oral en un área que comprende toda Uganda, Ruanda, el sur de Sudán y parte del Congo. Pero este lunes Kasangaki y Ekoku mostraban rostros de satisfación. Llegaban los refuerzos españoles, encabezados por el doctor Mendonça Caridad, doctor en Medicina y Cirugía, un cirujano lucense que periódicamente cierra su clínica coruñesa, acopia instrumental y medicamentos, y transporta dosis de suero solidario a la castigada Uganda. Desde hace cinco años, este médico está empeñado en desarrollar la unidad de cirugía de cabeza y cuello en el hospital que condensa todas las pestes de la región. En esta ocasión lo acompañan los estomatólogos José Luis Vega, un compostelano que ya estuvo el año anterior, y el madrileño Alejandro Castillo. Antes nunca faltaba a la cita anual su colega norteamericano Francis Bald, retenido tras los atentados del 11 de septiembre. Sin medicinas Los baremos occidentales no permiten calibrar la envergadura de su proyecto. El periodista aprende de inmediato a valorar instrumentos y fármacos acumulados en cualquier dispensario gallego y el derroche de equipos infrautilizados o aparcados en los sótanos del Sergas. En todo el hospital de Mulago, donde se hacinan millares de pacientes en catres desnudos, hay menos antibióticos que en el botiquín de nuestros domicilios. Los motores eléctricos adquiridos por José Joaquín Mendonça y Bald sustituyen al cincel y el martillo en el quirófano, la sierra quirúrgica al serrucho manual, los aspiradores de sangre al trapo o la gasa. Un destartalado sillón de ginécologo, iluminado por una obsoleta lámpara de dentista, sirve de improvisada mesa de operaciones para la primera intervención del doctor José Luis Vega. El paciente: un joven al que un barbero le extrajo una muela. La carnicería derivó en una infección mortal de necesidad. Hay que abrirle la mejilla para que supure, invitar al periodista a marcharse con sus arcadas y estrenar los antibióticos traídos de España.