El exorcista que canta contra el maligno

RAÚL ROMAR PERFIL


URANDERO, exorcista y cantante. Enmanuele Milingo (Zambia, 1930) nunca encajó en el perfil de arzobispo de la Iglesia Católica, y menos en un Vaticano dirigido con firmeza por Juan Pablo II. Pese a sus prometedores inicios -se convirtió en prelado de Lusaka con tan sólo 37 años- bordeó la excomunión a lo largo de su carrera eclesiástica. La curia tuvo que llamarlo en 1983 al redil de la Santa Sede para evitar que propagase sus ritos exorcistas por toda África. Pero el efecto fue el contrario al deseado. El díscolo purpurado no sólo continuó combatiendo al maligno en Roma, sino que extendió sus prácticas a todo el país y al resto de Europa, hasta el punto de que miles de poseídos lo buscaban para que le arrebatase el diablo que llevaban dentro. «En la Iglesia cada quien tiene su vocación y la mía es luchar contra el Maligno», explicaba un Milingo desafiante y convencido de su revolucionaria labor pastoral. Pero lo mejor aún estaba por llegar. En 1995, ataviado con camisas de flores y una gorra de beisbol, presentó su disco, Gubudu Gubudu (El borrachín), con canciones compuestas por él en lenguas cicewa y cinsenga e inspiradas en la cultura zulú. Ante el éxito, tres años después sacó un segundo trabajo, Milingo, en el que continuaba sus batallas contra el maligno.Para el Vaticano ya era demasiado, por lo que en 1999 le retiró el encargo de enviado del Pontificio Consejo de los Emigrantes y lo apartó a un organismo encargado de la pastoral del turismo, donde vivía una suerte de exilio. Fue entonces cuando se acercó a la secta Moon, lo que culminó en boda. «El Señor me ha llamado para dar un paso que cambiará mi vida para siempre», dijo. Una nueva vida lejos del Vaticano.

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