El cierre de la central de Chernóbil pone fin a una amenaza que ha durado catorce años

R. R. A CORUÑA

SOCIEDAD

EL FINAL DE UNA PESADILLA La instalación nuclear fue reactivada anoche, después de la última avería, para ser apagada hoy definitivamente Todo está preparado. A las dos de la tarde, el ingeniero Sergui Batchtavi pasará a la historia cuando apriete el botón rojo que certificará la defunción de la central de Chernóbil, un acto simbólico que terminará con una pesadilla atómica que ha durado catorce años, desde que en 1986 se produjese el mayor accidente nuclear de la historia. Es la crónica de un cierre anunciado, pero que se ha resistido a terminar en final feliz tras los dos achaques en forma de averías que han afectado al dinosaurio nuclear en las últimas dos semanas. La planta, averiada desde el 6 de diciembre, fue reactivada ayer de nuevo para ser apagada hoy para siempre.

14 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Ucrania cierra hoy Chernóbil, cumpliendo un compromiso adoptado en 1995, ante la complacencia de Occidente y las críticas de los nueve mil trabajadores de la planta que se quedarán sin trabajo, azuzados por los políticos de la oposición al Gobierno de Leonid Kuchma, que entienden que un país con una grave crisis económica no puede permitirse el lujo de perder una central que les suministra el siete por ciento de la energía eléctrica. El cierre de Chernóbil es «una cuestión moral», aseguró ayer el presidente ucraniano, Leonid Kuchma, quien agregó que «la gente podrá dormir tranquila». Pero ninguna de las dos afirmaciones es del todo cierta. La primera, porque, más que una reparación moral, la clausura de la planta obedece a una contraprestación económica que el G-7, Rusia y el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo han ofrecido a Ucrania en forma de préstamo multimillonario. Y parte de este dinero se destinará a construir otras dos nuevas centrales atómicas. Hormigón La gente, como aseguró Kuchma, tampoco podrá dormir del todo tranquila. Nueve meses después del accidente de Chernóbil, el cuarto reactor, el que provocó el siniestro, fue cubierto por cerca de 300.000 toneladas de hormigón y acero. Y este ataúd atómico, que está empezando a agrietarse, es, precisamente, el que ha disparado una nueva alarma. El propio presidente de Ucrania admitió que sigue habiendo una gran cantidad de radiactividad y «nadie puede decir qué procesos químicos están teniendo allí lugar». Construir un nuevo sarcófago costará 130.000 millones de pesetas. Los ecologistas tampoco están tranquilos, ya que se han apresurado a criticar que Chernóbil sea cambiado por otras dos centrales nucleares. El peligro, a su juicio, sigue latente.