«Off Campus», la serie que reinventa los clichés románticos y huye de la toxicidad
PLATA O PLOMO
La adaptación de Prime Video corrige los comportamientos posesivos del libro original
07 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El cliché del amor nunca pasa de moda y Off Campus es la prueba. La adaptación de la saga literaria Kiss Me es el último fenómeno de Amazon Prime Video. La primera temporada presenta a Hannah, una brillante estudiante, y a Garret, una estrella del hockey. Esta pareja falseará su relación por un bien común: ella pondrá celoso al chico que le gusta y él recibirá ayuda para aprobar una materia. Con esta premisa, la serie tenía las papeletas para ser la típica comedia romántica llena de clichés. Sin embargo, los creadores decidieron darle un giro y no ser fieles del todo a la novela del 2015.
El libro cuenta con ciertos elementos que no pasarían los filtros actuales, como los tropos de romance: situaciones narrativas recurrentes que definen un género. «Son el activo comercial de las adaptaciones literarias y su principal fragilidad crítica», explica Marta Lopera-Mármol, investigadora en Comunicación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Por ello, la adaptación tiene riesgos. Primero, la obsolescencia ideológica, porque «muchos de estos tropos se codificaron antes del debate contemporáneo sobre consentimiento, obsesividad o relaciones de poder». Segundo, la esterilización narrativa; las adaptaciones no pueden corregir todo lo problemático, ya que deben dar a la audiencia lo que espera del género.
Uno de los cambios notorios es el hands off. En el libro, los protagonistas rompen y Garret difunde que nadie puede estar con Hannah salvo él. Esta trama se vería antes romántica y protectora, pero ahora «la audiencia se ha vuelto, afortunadamente, crítica respecto a la vigilancia masculina». La investigadora resalta el consentimiento como otro acierto. «Cuando una serie muestra personajes que hablan de lo que quieren antes y durante el encuentro sexual, no solo es éticamente responsable, sino que construye personajes más complejos y creíbles», señala.
Respecto a los desnudos en Off Campus, para la especialista no son problemáticos. Los compara con los de otras series como Euphoria, señalando escenas de Cassie (Sydney Sweeney) que muestran su pecho en primer plano sin aportar a la trama, sexualizándola. «Normaliza plataformas como Onlyfans o los sugar daddies bajo un lenguaje de emprendimiento, cuando es otro ejemplo de pornificación de la cultura», sentencia.
Lopera-Mármol reflexiona además sobre la male gaze: contenidos que adoptan la perspectiva de un sujeto masculino heterosexual donde las mujeres son objetos de deseo sin trama propia y los hombres son agentes activos. Para ella, Off Campus no es un ejemplo al uso de male gaze, puesto que «la mirada se desplaza hacia la audiencia femenina» y se prioriza la sororidad entre mujeres, aunque mantiene rasgos como el lenguaje visual patriarcal o solo mostrar cuerpos normativos.
¿Podemos pedir responsabilidad ética a estas series? Para Lopera-Mármol, sí, con matices: «No podemos exigirles lo mismo que a un documento público o programa educativo, pero sí responsabilidad de representación». Es decir, que sean conscientes del «impacto potencial de sus elecciones narrativas». Aunque no es su labor educar, el entretenimiento puede complementar la educación de los jóvenes, al igual que las redes sociales. «El argumento de que el entretenimiento queda exento de responsabilidad ética ha justificado la reproducción irreflexiva de estereotipos dañinos», sentencia la investigadora. No es solo que la audiencia madura sea cada vez más crítica con comportamientos como el love bombing o las red flags; sino que hay que sumarle el público joven que absorbe todo lo que consume para formar su carácter.