Era el hombre del momento en Alemania. Una bomba acabó con su vida semanas después de la caída del muro
13 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El todopoderoso número uno. El portavoz único del Deutsche Bank, Alfred Herrhausen, era además uno de los principales confidentes de Helmut Kohl. Decían las crónicas de la época que la buena sintonía entre el banquero y el canciller levantó ampollas en el Gobierno de la RFA: mandaba más en la economía e industria alemana el responsable de la principal entidad financiera que los ministros del ramo. Asistía a las reuniones con los territorios soviéticos que no confiaban en la perestroika de Gorbachov, defendía públicamente una Alemania reunificada sin muros y fascinaba a los medios de comunicación con un discurso económico que nada gustaba ni al FMI, ni a los socios americanos, ni a los que defendían el tradicional modelo bancario alemán. Pero Herrhausen, cuestionado incluso dentro del consejo de administración, era en los años ochenta el banquero más poderoso de la Alemania occidental y pocos parecían poder llevarle la contraria.
No dejaba indiferente a nadie. Sus partidarios lo aúpan como un visionario que supo incluso adelantar las consecuencias que tendría una unión económica europea a dos velocidades. Sus detractores, en cambio, le acusan de haber abierto demasiados melones en una Alemania que aún tenía muchos deberes pendientes. Herrhausen se atrevió a apoyar la condonación de la deuda de países en desarrollo, puso sobre la mesa la posibilidad de financiar la deuda de los estados soviéticos, arriesgó con la centralización del Deutsche Bank, sustituyó empleados por ordenadores y se enrocó con un proyecto para adquirir una entidad británica a la que no le cuadraban las cuentas. Sus decisiones unilaterales no hacían más que garantizarle nuevos fichajes a su lista de enemigos y, por eso, su atentado sigue hoy rodeado de incógnitas. El 30 de noviembre de 1989 una bomba acabó con su vida cuando se dirigía a la sede del banco en una limusina blindada. Un Mercedes a prueba de bombas del que, según confesó Mario Conde en una entrevista, presumía el banquero alemán con frecuencia. La única pista que se localizó tras la explosión fue una carta de reivindicación del comando Wolfgang Beer, una unidad de la que apenas tenían constancia los cuerpos policiales. El ataque, en el que se usó un artefacto explosivo de más de siete kilogramos, fue atribuido desde el principio a la Fracción del Ejército Rojo (RAF), la banda que atentó durante más de dos décadas contra los representantes del mundo económico, político y judicial de la Alemania occidental dejando más 30 víctimas mortales. Aunque se detuvieron a varios miembros de la organización nunca se les pudo juzgar. Pruebas insuficientes e inconsistentes llevaron a retirar los cargos en el 2004. ¿Quién mató entonces a Herrhausen? ¿Cómo una banda terrorista en horas bajas consiguió los medios suficientes para burlar las estrictas medidas de seguridad del portavoz del Deutsche Bank? Preguntas todavía sin resolver tras años de investigación y que han dado pie a todo tipo especulaciones en las no pueden faltar la Stasi, la CIA y algún integrante del famoso club Bilderberg.
La serie Herrhausen: el banquero y la bomba se encarga de recrear la trayectoria del banquero en los años previos al atentado. Cómo fue ascendiendo y ganando poder en un momento histórico en el que cambiaban las alianzas y la geopolítica mundial. Y aunque desde el principio el espectador sabe cómo va a acabar la trama, la miniserie juega al despiste con las pesadillas de un banquero que sabía que vivía amenazado. Con secuencias y tramas que recuerdan a aquella gran primera temporada de Deutschland 83, una banda sonora envolvente y una fotografía cautivadora, la serie repasa uno de los momentos más duros de la posguerra alemana: 21 días después de la euforia por la caída del muro de Berlín, un atentado hacía que volviesen a temblar los cimientos de la reunificación alemana.