«Vikingos: Valhalla»: Odín contra Cristo

borja crespo BILBAO / COLPISA

PLATA O PLOMO

Sam Corlett interpreta al explorador groenlandés Leif Eriksson en «Vikingos: Valhalla»
Sam Corlett interpreta al explorador groenlandés Leif Eriksson en «Vikingos: Valhalla» Bernard WalshNetflix

La continuación de la aclamada serie sobre el pueblo nórdico transcurre un siglo después, con nuevos personajes, batallas y alianzas

08 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

No se ha hecho esperar el lanzamiento de la nueva serie derivada de Vikingos, cuyos ocho episodios de la primera temporada en Netflix han sido recibidos con algarabía por los seguidores de este éxito de época repleto de traiciones y batallas que terminó en su sexta sesión. Las intrigas palaciegas, las alianzas, venganzas, reproches y puñaladas por la espalda gustan mucho a la audiencia. Quizás porque reflejan la realidad, llevándola al extremo en la ficción. Solo hay que establecer paralelismos con la actualidad política (y bélica). La nueva aventura, Vikingos: Valhalla, tiene lugar un siglo después de los acontecimientos descritos con anterioridad. Con el despliegue de licencias literarias habituales, la chispa de la acción se sitúa en la matanza de nórdicos asentados en Londres y alrededores ocurrida el día de San Bricio, el 13 de noviembre del año 1002. Asesinados sin compasión por orden del rey de Inglaterra, los familiares y seres cercanos a las víctimas decidieron cruzar el mar para desatar su furia sobre los traidores ingleses, lo que supuso el comienzo de la invasión del país por las hordas bárbaras. No profanar el sueño de los muertos.

Vikingos: Valhalla relata las hazañas de varios vikingos legendarios, entre los cuales se encuentran, entre otros, el explorador groenlandés Leif Eriksson, interpretado por Sam Corlett (Las escalofriantes aventuras de Sabrina) y su temperamental hermana Freydis Eriksdotter, encarnada por Frida Gustavsson (Partisan). La esperada propuesta combina el drama, unas gotas de romance y los hechos históricos con violentas escenas de acción, como la serie predecesora. No falta el horror de la lucha cuerpo a cuerpo en una trama que explota también los conflictos internos entre los propios vikingos por hacerse con su parte del pastel en la conquista de Inglaterra. Además, la religión cristiana y el paganismo les divide, peleándose entre ellos. Un escenario belicoso con batallas intestinas, cultos confrontados y fieros enemigos a abatir, con un espectacular asalto a Londres incluido. Por supuesto, si están en juego el poder y el oro, nadie puede fiarse de nadie. La suerte está echada. Y, sobre todo, la sangre. A raudales.

Los vikingos apartan momentáneamente sus diferencias religiosas para unirse contra un enemigo común, Inglaterra, pero sus desavenencias siguen ahí hasta el punto de estallar en momentos inesperados. Surgen pactos entre enemigos, que aportan suculentos giros en una temporada que acaba muy alto (y muy sangrienta). No en vano el último episodio se titula El fin del principio.

Los personajes principales evolucionan hacia extremos inimaginables y algunos caen por el camino sin esperarlo. Salvo algún capítulo de transición, necesario para desarrollar las relaciones personales más allá de la espada, el ritmo marcado permite devorar la sesión de una sentada. La narración se va alternando entre varios focos que finalmente confluyen en una gran batalla final que pone las cosas en su sitio para que pueda pasar de todo en una continuación ya anunciada. Netflix ha asegurado un mínimo de tres temporadas.

Las diferencias

Una de las principales diferencias entre Vikingos: Valhalla y la serie original es la cadencia en la narración de los hechos históricos. En esta ocasión se aceleran, simplificándose algunos pasajes dramáticos buscando una mayor fluidez. Detrás de la producción no se encuentra Michael Hirsch, creador de Vikingos. Lo sustituye Jeb Stuart, guionista de clásicos del cine de acción como Jungla de cristal y El fugitivo. De nuevo hay que alabar el notable esfuerzo del casting y la figuración, sobre todo en las escenas de asedio y en los combates frontales repletos de especialistas intercambiando mamporros y mandobles.

Cabe destacar, en este sentido, el cuarto capítulo, el asalto a la ciudad de Londres a través de un puente de madera que cobra especial protagonismo. Secuencias de acción y tensión, con más de una sorpresa. Los personajes interpretados por mujeres están especialmente cuidados, con un retrato creíble del empoderamiento, a diferencia de otras propuestas similares. El concepto de guerrera amazónica está bien llevado y trasladado a una ambientación pletórica. El gasto en arte y vestuario es notable.

Vikingos: Valhalla hace borrón y cuenta nueva, resetea como secuela y plantea un nuevo arco argumental con posibilidades, sin escatimar en escenas explícitas cuando golpean las hachas y vuelan las espadas. Puede degustarse sin la necesidad de ver la serie inicial, un dato importante a la hora de ampliar su público potencial.