«Sky Rojo», sexo, purpurina y dardos envenenados de los creadores de «La casa de papel»

Capítulos cortos de acción trepidante y demoledores contra la prostitución componen la adictiva serie que llegó a Netflix el viernes

Asier Etxeandía y Lali Espósito encarnan a una prostituta y su proxeneta en «Sky Rojo»
Asier Etxeandía y Lali Espósito encarnan a una prostituta y su proxeneta en «Sky Rojo»

redacción / la voz

En un lugar cercano a la cumbre del Teide, en esos áridos terrenos de lava y ceniza, se esconde un rincón de lujuria, purpurina, brillo de ojos y esclavas sexuales. Es el oscuro negocio que se mueve bajo el neón rosa del club Las Novias, centro de la acción de Sky Rojo, la nueva serie que desde Vancouver Media han facturado para Netflix los creadores de La casa de papel y Vis a vis. Mucho de esa identidad coral del mundo de los atracadores del mono rojo y de las presidiarias del traje amarillo converge en esta nueva serie adictiva que inaugura el género del pulp latino que sacude la conciencia con capítulos de energía a tope en poco más de veinte minutos.

Al ver la acción hiperbólica y la sangre derramada es inevitable pensar en Tarantino. «Tarantino es quien ha inventado el pulp y si hubiera que usar una referencia es lógico pensar en él y en Robert Rodríguez -explica Álex Pina, creador de la serie junto a Esther Martínez Lobato-. Tenemos en común varias cosas, como esa sensación de que los golpes son más golpes, los coches no circulan sino que derrapan, la energía de la serie. Pero el gran problema que nos hemos encontrado es que no teníamos referentes en hacer pulp latino pero colocando debajo un caballo de Troya, esos torpedos que van a la conciencia del espectador mientras este se está divirtiendo con una huida frenética, con una ironía negra y un cinismo brutal, una comedia negra salvaje».

Sky Rojo cuenta una historia en dos tiempos. En el pasado, se adentra en un prostíbulo donde un grupo de mujeres viven encerradas y entregadas a una existencia sórdida que no es la que esperaban. Pero un detonante hace que, en el presente, tres de esas mujeres se conviertan en fugitivas que se escapan con lo puesto y emprenden una huida en la que la adrenalina no descansa. El trío de mujeres está interpretado por Verónica Sánchez, Lali Espósito y Yany Prado y sus perseguidores son Asier Etxeandia (el proxeneta Romeo) y sus colaboradores Miguel Ángel Silvestre y Enric Auquer.

Encontrar el ADN de un producto tan elaborado y con un mundo cromático propio no fue fácil para los creadores al afrontar el riesgo de divertir al espectador a partir de un tema tan duro como la prostitución y la trata de mujeres. «El mayor riesgo es el del contenido, porque acercarse a él de una manera honesta sin banalizarlo pero con la firme vocación de hacer un producto de entretenimiento es muy complicado. Meter en un mismo bote todos los ingredientes nos ha roto la cabeza durante mucho tiempos -explica Esther Martínez-. Primero, porque intentábamos hacer algo divertido, pero el material sensible con el trabajábamos no es divertido. No puedes tratar con las herramientas de comedia habituales los diálogos o personajes que teníamos entre manos. Hemos tenido que inventar la manera de sobrevivir al drama que supone la trata de mujeres de la manera que solemos hacer y que nos parece más atractiva, que es buceando en las psicologías extremas de los personajes, tanto de ellos como de ellas, e intentando hacerlos muy humanos».

Escribiendo estos capítulos, afirma Álex Pina, se dieron cuenta de que todo el mundo conoce el concepto de la trata de mujeres y le pone una etiqueta negativa. «Lo difícil era escuchar al proxeneta. Te pone los pelos de punta cuando ves a un señor hablar de que está orgulloso de su negocio, como otra persona podría hablar de un trabajo de cualquier otra índole, y de que España sea el mayor país de Europa en cuanto a consumo de prostitución. Ahí es cuando empiezas a dejar torpedos en la conciencia del espectador».

Todos esos elementos se condensan en capítulos que apenas superan los 20 minutos y en los que la acción no da tregua. «Es algo rompedor que nos ha roto la cabeza. Nosotros sabemos escribir en largo, porque la tradición en España eran capítulos de 70 minutos larguísimos. Y al tener que reducir un capítulo hasta las 17 páginas de guion nos parecía un folleto del supermercado. Pero al ser una serie de acción, tan cuidada estéticamente y con una narrativa pulp fue muy larga y muy difícil de rodar. El equipo de rodaje ha sufrido lo indecible, además de pandemias, filomenas y demás. El formato era un formato trampa. Por una parte muy atractivo, porque el consumo es muy instantáneo, si tienes 20 minutos puedes verlo. Pero el rodaje ha sido tan extenso y difícil como en cualquier serie de cincuenta minutos».

El mercado y el tipo de consumo están marcando esta nueva pauta de reducir la duración de los capítulos, una travesía nueva para este experimentado equipo. «Por un lado, buscamos adaptarnos a un modelo de consumo como el yo veo en mi casa con mi hija de 18 años, que ve en el metro medio capítulo o capítulo y medio. Es como la lectura, que lees un libro y lo dejas donde lo dejas. Este es el consumo que se está haciendo ahora -asegura Álex Pina-. La literatura de los años 50 es ahora la ficción audiovisual. Es el mayor elemento cultural de consumo popular o de consumo masivo. Eso por un lado, y por otro lado, cuando haces acción es una enorme inversión de trabajo. Para cualquier cosa se necesitan especialistas y muchas jornadas. La gente no se hace una idea, pero para rodar los 22 o 25 minutos de Sky Rojo prácticamente llevamos el mismo número de jornadas que para rodar La casa de papel, que dura 45 minutos». El creador asegura que el esfuerzo de producción ha sido gigantesco. «Es adaptarse al mercado y para mí hacer algo nuevo, porque la acción nunca se había hecho en este metraje tan corto y el drama, muy pocas veces. El intentar hacer cosas nuevas es algo que nos pone mucho sobre todo para aprender, porque uno tiene una inercia de su anterior serie y una tendencia a clonarse, así que si te pones metas nuevas estás obligado a aprender. Eso es fundamental a la hora de escribir series.

Desde que en los años noventa triunfaron con series como Periodistas y Los Serrano, Álex Pina y Esther Martínez Lobato han sido testigos de la gran transformación del sector de la ficción televisiva, especialmente en lo que se refiere a su prestigio. «La gente decía ''este señor hace televisión''; era el hermano menor de la ficción, casi despreciable. Y al final lo que ha ocurrido es que la ficción seriada de televisión ha conseguido generar unos arcos de transformación mucho mayores, ahondar en la psicología de los personajes de una manera más intensa y casi de una forma natural y orgánica se ha ido convirtiendo en el hermano mayor. Casi todos los grandes creadores de cine de hace veinte años están haciendo televisión y las grandes estrellas del star system están haciendo televisión, porque el relato corto te ofrece otras cosas con respecto respecto a una película. El relato corto no es algo peyorativo, si tú te enamoras de unos personajes los 90 minutos de una película te parecen pocos. De una forma natural hemos cambiado la tendencia».

A pesar de la sordidez del tema que aborda, Sky Rojo tiene una estética brillante y característica, con fotogramas únicos y muy cuidados. «La serie tiene una identidad brutal, que es lo que necesitas hoy en día para hacer ficción. Una chica con una falda fucsia en mitad del desierto al lado de un cáctus. Salen 5.000 series años y necesitamos que cada fotograma ofrezca algo diferente. Hemos buscando una diferencia cromática, estética, artística, como el club, que tiene una inspiración art decó», resume Pina.

Si el público llegará a enamorarse de estos personajes en la misma medida que lo hizo con los de La casa de papel es algo que empezó a dilucidarse desde el viernes 19 de marzo. «El tema es mucho más complejo y más controvertido que el de La casa de papel. Cuando hicimos Vis a vis fue una serie de ruptura para nostoros, porque después de muchos años pensando en series y personajes para toda la familia que no ofendieran, en las que todo el mundo tuviera su trocito de niño, de adulto, de amor... dedicidimos hacer una serie que no fuera para nadie, con un elenco casi al completo de mujeres donde el tema principal era la violencia. Moría gente por doquier y se hacían perrerías en todos los capítulos -recuerda Esther Martínez-. Y nos sorprendimos al ver que les gustaba a adolescentes y a niños incluso más pequeños a pesar de que no era para ellos. Y por supuesto a gente mayor que no se escandalizaba de nada, porque ha vivido muchas más cosas que nosotros. En ese momento nos dimos cuenta de que una serie tiene que ser honesta consigo misma, tienes generar un mundo posible que tenga sentido dentro de sí mismo despreocupándote de a quién vas a ofender o dejar de ofender».

Hecho ya el trabajo, a la guionista le gustaría ahora que la serie triunfara en el mundo por una razón en particular: «Me gustaría que mucha gente reflexionara acerca de lo que trata la serie, de este mundo en el que vivimos y de cómo tratamos a nuestros compañeros de planeta. De lo tremendo que es permitir que se trafique con mujeres o con personas».

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