Tamar Novas: «Entre un adolescente de Galicia y uno de Nueva York no hay tanta diferencia»

El actor protagoniza el «thriller» gallego de Netflix «El desorden que dejas», que se estrena este viernes


redacción / la voz

Galicia se respira en cada fotograma de El desorden que dejas, el thriller de Carlos Montero que llega a Netflix este próximo viernes. Detrás de las cámaras, está todo el equipo de la productora Vaca Films. Delante, un gran elenco de actores del audiovisual gallego encabezados por Tamar Novas (Santiago de Compostela, 1986), que protagoniza esta serie junto Inma Cuesta y Bárbara Lennie.

-¿Cómo está viviendo este 2020 convulso?

-Supongo que como todo el mundo, he pasado por todos los momentos. Al principio que pensaba si esto tendría algo positivo, pero la semana pasada me tocó de cerca. Un tío al que tenía mucho cariño se lo ha llevado este virus. Así que lo vivo con mucha pena. Cuando se pierde una vida y pierdes a alguien cercano es absurdo escuchar estas cosas de que saldremos mejores que decimos para avanzar. La realidad es terrible y lo único que hay que pensar es que pasará. No se me ocurre nada confortante más allá de tener gente cerca que te ayude a sostenerte.

-La pandemia también lo dejó sin el proyecto sobre Hernán Cortés que iba a grabar Amazon en México y que fue cancelada.

-Sí. Era un proyecto complicado, porque se solapaban un poco aquel rodaje y el de El desorden que dejas, pero en Vaca Films hicieron un esfuerzo para que pudiese llegar al rodaje y allí también me esperaron. Así que terminé de rodar en Galicia un viernes de madrugada y al día siguiente cogí un avión a Madrid, luego a México y después a la costa del Pacífico. Estuvimos una semana y media rodando y ya nos tuvimos que volver in extremis. Llegamos justo con el cierre del espacio aéreo de vuelta de un proyecto que iban a ser cuatro meses grabando por todo México. A nivel laboral fue muy frustrante, pero intento no pensarlo mucho. Si algo nos está enseñando el presente es que tú haces planes pero todo cambia. Pero también hay cosas que ocurren para bien. Esta es una profesión en la que hay que estar acostumbrado a que los planes no siempre sean los que esperabas. Quién sabe si un día volverá esa producción. Me encantaría, porque el reparto, el guion y el equipo que era un sueño.

-Y ahora estrena «El desorden que dejas», una serie en la que se respira Galicia.

-Creo que es lógico que se haga una serie en Galicia y que Netflix haya decidido contar una historia ahí, y al mismo tiempo es muy buena noticia que pueda encontrar esa proyección. A nivel personal, como actor, siempre confío mucho en los procesos que son largos y que tienen diferentes signos que lo enriquecen. El desorden que dejas es una novela que leí tiempo antes de que empezase a gestarse este proyecto. El autor, Carlos Montero, ha hecho también el guion y habla de sus raíces. Hay una implicación personal por su parte muy grande y está muy bien escrito. Además, dirige la serie y tiene un equipo en el que todo está al servicio de la historia. El reparto, no por mí sino por mis compañeros, son gente con la que me gustaría trabajar en cualquier proyecto. Algo en lo que pones tanto empeño durante tanto tiempo me gusta especialmente, porque es una aventura que va más allá. Es una suerte en este oficio tener trabajos en los que te puedes implicar tanto.

-Del reparto principal ha sido casi el único que no ha tenido que aprender el acento gallego. ¿Se ha sentido como el anfitrión?

-Se ha hecho un esfuerzo enorme en buscar esa música y esa forma de hablar que Carlos quería para su historia y creo que sale con nota. Anfitrión podría serlo, en todo caso, para buscar un sitio donde comer o si hay alguna duda en lo que pueda ayudar, por supuesto. Pero, aparte del elenco principal, hay una gran cantidad de actores gallegos con personajes importantes, como Touriñán, Federico Pérez, Susana Dans, Camila Bossa, Alfonso Agra... Hay todo un reparto muy reconocible para el público de Galicia. Lo mismo ocurre con los actores jóvenes que, excepto Arón Piper, son gallegos. Y está todo el equipo de Vaca Films. Se respira mucho Galicia en la serie.

-¿Qué ha cambiado en el audiovisual para que ahora pueda mostrar al mundo las singularidades locales?

-Están cambiando muchas perspectivas. Hay otras cosas que están pasando en el audiovisual y que son importantes para la cultura. Hay otras series que dan una buena muestra de que eso funciona, y pienso en Fariña, por ejemplo, que era impensable hace unos años. Pero también hay identidades que están siendo representadas. A mí me fascinó Veneno, por ejemplo, en la que tuve la suerte de participar. Ahí también se estaban contando realidades diferentes. Cuando algo se cuenta de una determinada manera y es genuino y se sabe de qué se está hablando se convierte en universal. En este caso, Netflix, con todo el trabajo que hacen para elegir las historias, se habrán dado cuenta de que a veces ir a algo particular, genuino y novedoso resulta atractivo y, al mismo tiempo, reconocible. Vivimos en un mundo en el que no hay tanta diferencia entre un adolescente de un pueblo del interior de Galicia y uno que vive en Nueva York. Estamos muy conectados y eso nos une de alguna manera y nos hace interesarnos por realidades distintas. Y si hay un escenario como Galicia, que te llena la pantalla, creo que Netflix ha sabido ver que había potencial.

-¿Qué cree que hace genuina a esta serie?

-Los lectores de la novela se van a interesar por la historia, que tiene novedades en el lenguaje y en la forma de narrarlo. Yo sería espectador de este thriller y creo que esa es una de las mejores cosas que se pueden decir de un trabajo en el que estás involucrado. Sería espectador y lo disfrutaría, porque el thriller te engancha y te mantiene con el misterio hasta el final. Y además es una serie muy equilibrada, muy honesta con los conflictos más íntimos de los personajes. Es una historia que habla sobre la pérdida. Me atrapa la forma de contar ese desorden al que se refiere el título y que es una característica muy humana, cómo uno se enfrenta a los cambios, a una situación de crisis a una pérdida de un familiar. Están todos los personajes colocados en un lugar muy misterioso y en un momento muy crítico. Son todas personas que van jugar un partido muy difícil en sus vidas. Hay relaciones de pareja, entre profesores y alumnos, el tratamiento de las redes sociales, de nuestra privacidad. Se reconoce ese momento de crisis mundial. Está muy bien narrado.

-¿Qué le gusta de Germán?

-Cuando leí la novela me parecía lógico que algún momento se llevase a la pantalla. Inma, por ejemplo, pensó en comprar los derechos sin saber que se iba a hacer esta serie. Ya cuando la leí pensé en que me encantaría encarnar a este personaje. Tiene una parte generacional con la que me puedo sentir identificado, esos personajes que han hecho lo que se supone que deben hacer para tener la vida que quieren. Que han estudiado, que son personas cultas, que han hecho todo lo posible por dedicarse a lo que quieren y que de repente la vida los pone delante de un muro en el que no hay tantas posibilidades. Creo que ese era un buen hilo por el que empezar. Y es un personaje muy atractivo porque tiene muchos claroscuros y está en un momento de mucho conflicto. En la vida uno no quiere conflictos, pero como actor sí te interesa encontrar a alguien con muchas contradicciones. De Germán se puede contar poco, porque en el thriller juega un papel muy importante. La cara más visible no lo es todo, como en todas las personas, y tiene partes que hay que ir revelando poco a poco. Es un personaje muy rico de explorar.

-¿Qué momentos especiales se lleva de este rodaje?

-Me quedo con momentos al principio del rodaje. Como en todas sus historias, Carlos Montero no solo desnuda emocionalmente a sus personajes, sino que también refleja la relación de los cuerpos. Teníamos Inma y yo unas escenas de alto contenido erótico y nos reímos mucho. Las escenas de sexo al final lo interesante no es que sean de sexo, sino que hablen de la relación de cada pareja. Al final de aquel día tan intenso y de una escena de tanta exposición nos miramos y nos dijimos: «Tú y yo ya tenemos la confianza para hacer cualquier cosa». Nos dimos cuenta de que nos lo íbamos a pasar muy bien y que podíamos arriesgar. Me quedo mucho con el trabajo de los ensayos y de la relación con Inma y con Carlos, y con el resto de los directores. Se ha trabajado de forma muy minuciosa.

-¿Confía más en el estudio o en la química con el equipo?

-Intento estudiar y tomármelo con mucho empeño, pero creo que el set es el espacio para que surja lo inesperado. Y eso sucede cuando tienes mucha confianza en la persona que tienes enfrente. Es un trabajo en equipo y eso es muy importante para que surja esa magia que atrapa al espectador. Vivimos en un momento en que es muy fácil que uno se desenganche de la pantalla. Cuando uno puede atrapar al espectador no solo con mucha maestría técnica sino con la mirada de un personaje que es genuina, que te engancha y en el que puedes reconocerte, ocurre porque hay todo un entramado y un equipo que se ha preparado para que eso suceda. Del rodaje recuerdo al equipo mojándose bajo la lluvia a las dos de la mañana convencidos de que eso merece la pena. Es algo muy vocacional.

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