Mariano Barroso: «A las víctimas de ETA se las ha ignorado en la ficción y en la realidad»

El director asegura que la serie «La línea invisible» no trata «de humanizar ni de deshumanizar» a los terroristas


madrid / colpisa

Mariano Barroso (Sant Just Desvern, Barcelona, 1959) habla en La línea invisible (Movistar+) de una ETA casi desconocida, la de los inicios, y de un País Vasco y una España de los años 60 muy diferentes a como son hoy en día. Los dos grandes protagonistas de la serie son Txabi Etxebarrieta, el primer etarra que mató y murió en un control de la Guardia Civil, y Melitón Manzanas, el inspector de policía que se convirtió en la primera víctima de un asesinato planificado de la banda terrorista. Alex Monner y Antonio de la Torre protagonizan esta aproximación a la banda terrorista, a la espera de que Patria anuncie su nueva fecha de estreno.

 -«La línea invisible» toma su título de la decisión de empuñar las armas y pasar de la acción política a la militar.

-Es la ETA antes de ETA, los orígenes. La parte que precedió a la pesadilla en que se convirtió. El reto era hablar de una época a pesar de que sabemos lo que pasó después. Hacer abstracción para no juzgar y no ir con prejuicios, que es de lo que trata nuestra profesión. Esta es una versión de lo que ocurrió, no existe la versión objetiva, la tendría que hacer Dios. Son los hechos y el comportamiento de los personajes los que narran la historia.

-La serie es, sobre todo, el retrato de dos personajes: Txabi Etxebarrieta y Melitón Manzanas. El primero no era, precisamente, un hombre de acción.

-Era un hombre débil físicamente, con asma. En cambio tenía mucha fortaleza intelectual, era un tipo brillante, un poeta admirado a pesar de su juventud. Pero no era un hombre de acción, como otros miembros.

-Estaba a años luz de los carniceros que vinieron después.

-Sí. Etxebarrieta estaba muy interesado por la informática, era un adelantado en materia de computadoras. Una de las contradicciones de la historia es que, a diferencia de Melitón Manzanas, no hablaba euskera. Yo creo en una máxima: la historia puede ser maniquea, pero las historias no pueden serlo.

-Ya sabíamos que Manzanas era un notorio torturador, no que hablara de «nosotros los vascos» ni que fuera un padre amantísimo de su hija.

-Los vascos no son de una manera, otra cosa es que haya quien se quiera apropiar de su concepto de lo vasco. Melitón era de Irún, un torturador franquista según los testimonios de cientos de personas que sufrieron sus fechorías. Pero también era un tipo entrañable, en palabras textuales de algunos que padecieron sus golpes. Un cachondo, entre comillas, un tipo campechano que adoraba a su familia.

-¿Que tuviera una amante, madre de pelotari, pertenece a la ficción o es una historia real?

-La historia está construida a partir de hechos reales, tenemos muchísima documentación y lo que sale en pantalla es la punta del iceberg. Versionamos los hechos porque no existe la versión oficial. Hay tantas versiones como personas vivieron aquello.

-¿Qué le diría a quien crea que la serie humaniza a los etarras?

-Yo en ningún momento trato de humanizar ni de deshumanizar. Quienes nos dedicamos a hacer cine no podemos trabajar con la política, la moral o la ideología. Nuestro oficio son las emociones. Claro que aquellos etarras eran humanos. Siempre vemos cuando detienen a alguien con 38 cadáveres en su jardín que salen los vecinos diciendo que era un tipo entrañable. Contar la historia de manera maniquea no tendría ningún interés.

-¿Ha echado de menos en la ficción sobre ETA más protagonismo de las víctimas?

-Durante mucho tiempo se ha ignorado a las víctimas, no solo en la ficción, sino en la realidad. Ha habido una ley del silencio tremenda, y eso aparece en la serie. Es la tragedia de un pueblo, la incapacidad de la mitad por sentir con la otra mitad, de amarse y reconocerse, poniendo por encima del dolor las ideas. Es la banalización del dolor ajeno, la incapacidad para la empatía. Por suerte, todo se está reconduciendo y la realidad actual no tiene nada que ver con lo que fue.

-Como presidente de la Academia, ¿qué va a pasar con el cine español después de la pandemia?

-Ojalá lo supiera. Ni los científicos saben qué va a pasar. Quiero imaginar un día en el que se volverán a llenar las calles y los cines. Está claro que no podemos vivir sin relatos contados con imágenes, en una ventana o en otra. Nuestro colectivo está sufriendo una parálisis absoluta. Esperemos que pueda retomar su actividad una vez que sanen los enfermos y todos arrimemos el hombro de la mejor manera que podamos.

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