«Somos la ola»: La rebelión (y el guion) se nos fue de madre

La nueva serie alemana de Netflix engancha en su arranque, pero decepciona al tercer capítulo

Los protagonistas de la serie «Somos la ola»
Los protagonistas de la serie «Somos la ola»

Pongamos que pasamos por alto que una vez más la pija del instituto se enamora del chico rebelde. Y que ese chaval que duerme cada noche en un reformatorio consigue que los ignorados del colegio se conviertan en un profesional comando para la guerrilla. Pongamos que también obviamos esa bala que cruza seis carriles repletos de tráfico y alcanza a uno de los protagonistas a la altura justa para herirlo, pero no matarlo. Y obviemos también ese policía que actúa sin ningún sentido, ese vigilante que se olvida de todo por una chaqueta, esos padres que no quieren ver y esos planes depurados como si fuesen los del profesor de La Casa de Papel. Aún olvidando todo esto, Somos la ola es más de lo mismo. Un enlatado de Netflix que engancha en su arranque, pero decepciona al tercer capítulo.

Una serie para adolescentes que quieren cambiar el mundo que chirría en su ejecución. En los primeros capítulos se le pueden perdonan los tópicos, lo previsible y que no aporte nada a un genero explotado en numerosas ocasiones en cine y televisión. Una buena banda sonora, unas interpretaciones decentes y unas cuantas genialidades permiten seguir adelante. Pero la trama se pierde. Cuando debería acabar, todo vuelve a empezar. Y se enreda. La serie quiere ser más de lo que es. Busca perpetuarse. Más temporadas al mismo precio. Pero hace falta materia prima. Y había de sobra en la película La ola y en la novela en la que se inspiró.

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