«El cuento de la criada»: ¡Despierta, Gilead!

La serie regresó este jueves a HBO España con una tercera temporada que aspira a marcar un revolucionario nuevo comienzo para la heroína que vive sufriendo esta teocracia machista

El nuevo tráiler de «El cuento de la criada»

redacción / la voz

June está de regreso en ese lugar del que nunca salió. La tercera temporada de El cuento de la criada devuelve desde este jueves a HBO España a la desasosegante teocracia de Gilead, donde las pocas mujeres que todavía son fértiles siguen siendo úteros al servicio de la procreación y del Estado. Con los nuevos episodios el espectador se enfrenta a la incertidumbre sobre el futuro de este terrorífico universo basado en origen en la novela de la autora Margaret Atwood y que ahora vuela solo en manos de sus creadores. ¿Compensa seguir acompañando en su lucha a la sufridora sirvienta Defred, quien, tras conseguir su pasaporte hacia la salvación en la segunda temporada, optó voluntariamente por quedarse en tierra? ¿Fue aquella decisión de última hora un sacrificio justificado o un truco más para mantener a la protagonista encerrada y poder construir una temporada más?

Los tres primeros episodios de la tercera entrega se construyen con la intención de quemar algunas naves y marcar un nuevo comienzo dentro de ese redundante universo estomagante que necesita ya una catarsis. Defred pone en marcha una revolución para dinamitar el sistema desde dentro y la lucha promete ser larga e inquietante. Se trata de seguir buceando por la fotogénica Gilead de la mano de la excriada de los Waterford, una osada heroína dispuesta a todo. Como contrapartida a su valentía, con cada uno de sus arriesgados pasos se vuelve más inverosímil su capacidad de supervivencia en un mundo donde las herejes suelen ser ajusticiadas irreflexivamente y sus cadáveres, expuestos a la luz pública en señal de advertencia.

La esclava utiliza en su propio beneficio su escaso margen de poder y se convierte ahora en una estratega con dos metas señaladas: una es ganarse aliados poderosos que la ayuden en su lucha por combatir este sistema absolutista; la otra, recuperar a la hija que le fue robada y entregada a una familia afín al credo institucional.

En su cabeza resuenan una y otra vez las palabras pronunciadas por la niña en el breve encuentro clandestino ocurrido en la anterior temporada. June trataba de explicarle que lo había intentado todo para lograr volver a su lado y esta le contestó con la demoledora lógica infantil que confía en la omnipotencia de las madres: «¿Y por qué no lo intentaste todavía más?». El dolor y la culpa le sirven ahora como acicate para demostrar que le queda aún arrojo para rescatar a Hannah de un hogar adoptivo en el que, pese a todo, la niña lleva una existencia feliz. June, con sus intentos, amenaza con ponerla ahora en peligro.

Defred es ahora Dejoseph (Bradley Whitford) tras haber sido transferida al tutelaje y propiedad del comandante Lawrence, quien propició la operación de fuga en la que escaparon Emily junto a la bebé Nichole. Lawrence arranca esta temporada como la contradictoria figura de un Schindler en quien confluyen su condición como ideólogo de Gilead, sus abusos psicológicos hacia las mujeres y su secreta colaboración con la silenciosa red de Martas que construyen la resistencia.

Que Elisabeth Moss siga sumando puntos para un nuevo Emmy con su tono burlón, diciendo una cosa mientras piensa la contraria, y con las mil caras que posee para el odio, el asco y la repugnancia no consigue hacer que su personaje deje de ser un viejo conocido para el espectador. Mientras, Emily (Alexis Bledel) intenta recomponerse física y anímicamente en Canadá y recuperar a la familia que dejó atrás.

Quien en los primeros compases promete ofrecer un giro más sorprendente es Serena (Yvonne Strahovski), esa esposa que ha comprendido, a base de traumas y adversidades, que el Gilead que ella ayudó a levantar no es país para mujeres. Al contrario de lo que le aconsejan sus seres más queridos -«sin tu marido no eres nadie»- la vida sumisa y acomodada al lado del comandante Waterford (Joseph Fiennes) ha dejado de merecer la pena.

«El cuento de la criada», televisión que revuelve el estómago

Mariluz Ferreiro

La perturbadora «The Handmaid's Tale» cierra una primera temporada tan dura como ejemplar

Lo futil, como salvavidas o guillotina. La vida pendiente de un hilo. Porque no vale nada. The Handmaid's Tale  (El cuento de la criadadice adiós a la primera temporada con un portazo que, como en cada capítulo, deja entre tinieblas al espectador. En esta serie no sale el sol. Echa sal en las heridas que abre la novela distópica de la autora canadiense Margaret Atwood, la obra en la que planta sus cimientos la serie de Hulu.

La retuerce para extraer toda la bilis, exprimiendo a secundarios que en la obra literaria pasan de puntillas (sirva como ejemplo la terrorífica historia del personaje interpretado por Alexis Bledel). Estados Unidos se ha convertido en una teocracia y la mujer ha sido relegada oficialmente a la Tercera División. Las pocas fértiles que quedan deberán concebir y parir los hijos de los mandatarios del régimen, como si fueran vacas nodrizas. Su destino es convertirse en incubadoras sin derechos. La población femenina es disciplinada de forma brutal y prostituida de todas las formas posibles. Los libros, las revistas y los juegos son pecado. Solo los poderosos pueden permitirse esas ilegalidades. Las leyes se han escrito confeccionando un traje a medida a partir de la Biblia. Los fugitivos piden asilo en Canadá. Y la cuestión es que en este mundo en el que Donald Trump y los yihadistas mandan en diferentes partes del mundo ya nada parece lo suficientemente descabellado como para encajarlo en la ciencia ficción.

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