Juicio por combate: ¿Fue un fiasco la última temporada de «Juego de tronos»?

En mayor o menor medida, la polémica ha acompañado el estreno de cada uno de los últimos episodios de la serie de HBO

Juego de tronos pone punto final a su gesta en medio de una expectación mundial que no ha sido fruto de una campaña de márketing ni producto de la casualidad.

Los responsables de HBO pusieron a disposición de los creadores de la adaptación de Canción de hielo y fuego todos los recursos que consideraran precisos para poner un colofón memorable a una serie ambiciosa que ha hecho historia de la televisión.

Los 47 premios Emmy logrados desde su estreno en el 2011 son solo el certificado oficial que acompaña a un éxito de público sin precedentes, conquistado con momentos y giros sorprendentes desde el primer episodio. 

Público y crítica avalaron a la serie en casi todo su recorrido, pero en la última temporada se disparó la polémica en las redes por ciertas decisiones de los responsables de la adaptación. ¿Flojeó Juego de tronos en sus seis últimos capítulos? 


En contra

Ellas no tenían elección

Claro que no. Claro que no te sentiste bien cuando la apuñalaste mientras le decías que siempre sería tu Reina. Lo hiciste de frente, aunque en realidad fue por la espalda. Ellas no tienen elección, ¿verdad? Esta última temporada se resume en esa frase que le espetas a Tyrion en su celda cuando te pregunta qué piensan tus hermanas sobre el reinado de Daenerys Targaryen: «Ellas no tienen elección». Durante seis capítulos no hemos visto más que una escena: Hombres decidiendo cosas. Decidiendo que la Rompedora de Cadenas está loca y que su noción de Justicia, que antes jaleaban, ahora que acaricia el Trono de Hierro con sus manos, ahora está equivocada. Decidiendo que quien tiene derecho a gobernar eres tú, el bastardo hijo de una Stark y un Targaryen. Decidiendo que Khaleesi no está preparada. Ahora resulta que en la guerra solo muere gente cuando son unas histéricas las que mandan. Decidiendo que la Reina se ha trastornado. Que hay que arrebatarle la corona. Decidiendo el próximo Rey, y que a partir de ahora se vota. De todas opciones, por supuesto. Es el único Stark hombre el que tiene que ceñirse la corona. Por el amor de Dios, si hasta toma decisiones Gusano Gris, que hasta hace tres capítulos ni siquiera abría la boca.

No pasa nada, en el fondo hay un poco de justicia en toda esta sucesión de señores decidiendo cosas. El anonimato eterno de Tyrion, el auténtico conspirador que se pone la capa de dignidad cuando más le conviene a sus intereses. Y esa cara de estupor cuando descubre que no, que su nombre no aparecerá en las crónicas. Tú, Jon Snow, el héroe atormentado que estaba llamado a ser el salvador de las siete patrias, al final te quedas como estabas. No tomarás esposas, no tendrás tierras ni engendrarás hijos. El invierno se acerca. Empieza tu guardia. Y sobre todo, que el Norte no olvida. Y madre mía, que bien le queda la corona a Sansa.  

Autor Tamara Montero

A favor

No hay nada tan poderoso como una buena historia

Terminó Juego de tronos. Finalizó nuestro primer viaje televisivo a Poniente. Decimos adiós a una serie extraordinaria, que nos deja huérfanos de personajes carismáticos, luchas descarnadas por el poder, poderosas narraciones visuales, música memorable, batallas espectaculares, momentos épicos... ¿Y a la excesiva polémica que la ha acompañado esta última temporada?

Cada ciudadano alberga en su interior un seleccionador. Por lo visto y leído, también podemos decir que esconde un guionista. Vivimos tiempos de miradas estrechas. Si algo no se ajusta a nuestro esquema, a nuestras expectativas, lo rechazamos. Ese es el principal problema que ha sufrido Juego de tronos. Queríamos el final perfecto, pero ese no existe. Veíamos a Daenerys como una campeona del mundo. Y no le vimos la sombra. Se sabía, por las palabras del escritor que dio vida a los libros, que asistiríamos a un epílogo agridulce, sorprendente. Y eso hemos tenido.

Nadie comerá perdices en los Siete Reinos. Eso es coherente con el planteamiento original de George R.R. Martin, que superaba el clásico esquema binario. Y con lo exhibido por los creadores de la serie en la mayor parte de los episodios: incluso los buenos tenían puntos oscuros; casi todos los malos, motivos y causas. Cuando abandonaron ese camino, la serie tal vez perdió el derecho a la matrícula de honor, pero nunca dejó de ser sobresaliente. 

Tal vez esta temporada final pueda parecer apresurada y, por momentos, algo caótica. Pero no le ocurre nada diferente a la 7. Comparten puntos fuertes (el poderío visual, momentos de gran impacto como la última escena de Drogón y Dany o los grandes diálogos). Y también los débiles: la ruptura de la coherencia interna, los viajes instantáneos y ciertos momentos ridículos se explican con una sencilla razón: se quedaron sin los libros. Y eso no se puede compensar. Como dice Tyrion en el epílogo, no hay nada «tan poderoso como una buena historia». Y esta, pese a ese lastre, lo ha sido. De principio a fin. Yo no tengo dudas: echaremos de menos Poniente.  

Autor César Rodríguez
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