«Secret City»: En las cloacas del estado australiano (también) apesta

Un necesario consuelo al desmoronamiento de «House of Cards»

Anna Torv protagoniza «Secret City»
Anna Torv protagoniza «Secret City»

En algún punto de la tercera temporada, todo comenzó a desmoronarse, como aquella gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos después de 10 años. Cómo algo tan grande podía caer a tal velocidad. La sensación de orfandad era insoportable cuando los escombros de la temporada final de House of Cards se desparramaban por la pantalla, generando esa sensación de miedo a ser golpeado por algún cascote tras el acto masoquista en que ser había convertido pulsar play.

Y entonces apareció el necesario consuelo. Se llamaba Harriet Dunkley, una periodista política con un olfato muy fino para notar el hedor que a veces se cuela por las cloacas del estado. Bajo el águila de Camberra no pululan excomisarios de micro flojo, gorro calado y antifaz-carpeta, pero la alta política siempre necesita lugar en el que desprenderse de sus desechos. También en Australia. En La Ciudad Secreta no hay policía patriótica, pero también se fabrican informes. Porque el enemigo, aunque esté en casa y sea respetable, debe llegar de Oriente. Bajo la mirada del águila se inventan enemigos, pero no se reparten sobres. Las lealtades están a precio de saldo y quien menos te lo esperas, sí, incluso ese miente. La Ciudad Secreta (también) apesta. Las alcantarillas es lo que tienen.

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