santiago / la Voz

El inicio de las pruebas de la selectividad en Santiago resultó ser lo de siempre en Galicia, como en el resto de las comunidades autónomas, más pendientes que nunca las unas de las otras por el debate sobre la necesidad de armonizar 17 modelos distintos de lo que ahora oficialmente se denomina Abau. En Compostela iniciaron sus exámenes 2.401 estudiantes, muchos de la ciudad y su área, pero también con un buen número de alumnos que se desplazaron desde otras comarcas o provincias, como en el caso de los procedentes de Vilagarcía o de Caldas de Reis.

A las 9.00 horas, con rigurosa puntualidad, abrieron las puertas en la Facultade de Económicas. «Hay que tener las cosas preparadas», advertía una docente ante la demora de un joven de Vilagarcía. Los nervios afloraban. «El DNI a mano, por favor». Un estudiante que se había equivocado de facultad corría desde Dereito. La comisión le había reservado el sitio. «Tenéis unas pegatinas que tenéis que tratar como si fuese vuestra vida», aconsejaba. Mientras, salen a la luz los primeros contenidos. En lengua castellana, análisis de textos de Almudena Grandes y de Muñoz Molina. Como tema, por ejemplo, «Las trayectorias poéticas de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez».

«Non se deixa a ninguén fóra»

Un profesor del IES Aquis Celenis, de Caldas de Reis, ofrece una valoración de la mañana. No era para tanto. «Bastante asequible», comenta. «Sobre todo vés para animalos, para que vexan que hai unha persoa do centro que os está representando», sostiene el docente, que demuestra que ha tomado la temperatura al estado de ánimo de los estudiantes: «Algúns veñen moi nerviosos».

Pero la realidad es que, ni por los contenidos de las pruebas ni por los requisitos para su realización, hay para tanto. «Hai que ser serios, porque non queda outra, pero non hai tensión na aula», asegura Xosé Antonio Dobarro, profesor del IES Antón Fraguas que está vigilando en la Facultade de Medicina. Y no han faltado contratiempos, aunque ninguno grave. Algún estudiante que pega mal las etiquetas, otro que ha arrancado la plica. Nadie en el aula ha incurrido en el clásico de olvidar la documentación, pero tampoco eso hubiera resultado un obstáculo para realizar las pruebas. «Non se deixa a ninguén fóra por vir sen documentación», señala Dobarro. Lo habitual, puntualiza Elena Rodríguez-Moldes, también del Antonio Fraguas, es que esos olvidos lleguen en la sesión de tarde.

Y al salir, alivio. «Me lo esperaba más difícil», exclama Pedro.

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Día de nervios en una selectividad «asequible»