Las ansias universitarias hierven en la selectividad del Agra de Raíces de Cee

Un total de 122 alumnos de cuatro institutos lidian con los nervios en la ABAU


cee / la voz

A la salida del examen de gallego y a solo unos minutos para el inicio del de inglés, el patio del instituto Agra de Raíces de Cee era un hervidero de mensajes, llamadas a casa y, sobre todo, confesiones sobre lo bien, mal o regular que se había dado la mañana, lo evidente (o no tanto) de las preguntas y los sueños de un montón de jóvenes, enfrentados a este último muro de nervios en su camino hacia la universidad.

Nerea Pardiñas Canosa (Arou), Sol Carracedo Oanes (Camelle), Alicia Sambade Mata (Gures), Mireia Tedín Allones (A Ponte do Porto) y Paula Méndez Carracedo (Camelle), alumnas del Terra de Soneira y del Fernando Blanco, formaban una de las piñas sentadas en el suelo a las puertas del instituto.

«Creo que me deshidratei con todo o que levo chorado cos nervios durante esta última semana», bromeaba Sol, que conoce al dedillo el sistema de puntuación y lo importante que esta prueba de Avaliación de Bacharelato para o Acceso á Universidade (ABAU), la selectividad de toda la vida. «Porque, imaxina, aínda que teñas un 10 do instituto, como máximo iso é un seis, sobre 14», detalla, al tiempo que explica que ella quiere hacer Linguas Estranxeiras en Vigo, y, en principio, no debería tener problema, porque viene con una media muy alta y el arranque de ayer no se le dio nada mal, porque «eran cousas normais: Juan Ramón Jiménez, Machado...» y solo en gallego hubo cuestiones de las de poner sus conocimientos al límite.

«Eu quero facer Educación Social e se saco un sete poderei ir para A Coruña, con un seis, para Ourense. A ver se me dá e, senón, terei que facer un ciclo o que non vou estar é un ano parado», apunta Nerea, mientras el resto la animan, porque están convencidas de que llegará sobrada a esas calificaciones y también comparten en público sus propios miedos. «Eu estaba tremendo, non sei se era o frío ou dos nervios, pero íanme os dentes solos», confesaba Mireia.

Eso sí, en algo coincidían las cinco, de un grupo total de 122, en que las tan anunciadas medidas de control (pelos largos sueltos, móviles...) ni las notaron porque les trataron muy bien y ellas estaban a lo suyo y en la necesidad de un examen equitativo para toda España. «Queixábanse do de matemáticas de Valencia. Eu firmaba ese examen», aseguraba, convencida, Alicia.

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