El «alegre y activo» Monelos, centro público con mejor nota en selectividad

El equipo directivo resalta la implicación del claustro, los alumnos y las familias


a CORUÑA / LA VOZ

El instituto de Monelos es un centro público, de barrio, de tamaño medio, 440 alumnos, menos de 50 profesores y casi (lo cumplirá el año que viene) medio siglo de existencia. En los últimos tres años envió a la selectividad a 190 jóvenes y los 190 superaron la prueba de acceso a la universidad. Este reconocimiento pleno solo lo obtuvieron otros dos centros de la ciudad -ambos privados concertados-, Salesianos y Grande Obra de Atocha, y en el caso de Monelos se suma a otra distinción que confirma de manera singular su excelencia, la de los que consiguieron un 7, o más, de nota media en alguna de las convocatorias ordinarias celebradas desde junio del 2015. Del esfuerzo que hay detrás de esa calificación dan cuenta la media de Galicia -6,13 en públicos y 6,38 en privados- y el reducido grupo de centros que han batido esa marca: Compañía de María, Santa María del Mar, Monelos, Calasanz (Escolapios) y Eirís.

¿Hay un método para cosechar estos resultados? «Si hubiera fórmulas todos los años seríamos excelentes. Lo que hay es un alumnado muy bueno, que responde, un claustro de profesores que trabaja con seriedad, responsable y muy implicado en el instituto, y unas familias que apoyan completamente las necesidades de los chavales», explica Lucía Garzón, vicedirectora y responsable de actividades del IES Monelos. No puede hablarse de metodología infalible, pero la manera de calificar el centro -«este es un instituto alegre y activo»- ofrece pistas de sus fortalezas. «Programamos muchas actividades, muchísimas. Participamos en proyectos europeos, con lo cual son chicos con mentalidad muy abierta; ahora mismo hay 7 alumnos en Roma, en 15 días se va un grupo a París, tenemos exalumnos que se han ido a estudiar la carrera a Lyon, otros hacen primero de bachillerato en Estados Unidos; tenemos club de lectura, vienen escritores de los que trabajamos obras en clase, hacemos salidas constantes, hoy está un grupo en Sogama, escuela de teatro... Todo ese trabajo, fuera de clase, se nota. Tratamos de estimular al alumno, de motivarlo y de que él haga también su trabajo, un trabajo individual, no se puede dar todo hecho».

Cohesión

El profesorado es una piña. «Están entrando profesores jóvenes con ideas nuevas, que siempre es bueno, pero somos un claustro veterano que comparte mucho y entre nosotros tenemos una relación estrecha. No venimos a trabajar y nos vamos corriendo. Es nuestro trabajo y nos gusta. Y eso el alumno lo nota. Cuando trabajas con compromiso y creyendo en lo que haces lo transmites», relata la profesora de Lengua y Literatura.

¿Y el falso mito que asocia barrio a peores resultados? «Yo creo que influye más el centro en el barrio que al contrario -sostiene la vicedirectora-. Hacemos trabajo de campo, en fotografía o en ciencias, y hemos tenido relación con instituciones del barrio. Nuestro alumnado es muy homogéneo, casi todos son chavales de la zona, muchos vienen del San Francisco Javier, las familias se conocen entre ellas, siempre apoyan las actividades, confían en nosotros».

El éxito del Monelos también tiene que ver con el conocimiento. «Sabemos muy bien cómo es cada chico y cuando conoces al alumno es mucho más fácil trabajar. Los cogemos de muy pequeños, con 12 años, cuando llegan, y están con nosotros hasta los 17, cuando se van, de alguna manera, como los hemos ido modelando».

El ascenso del Puga Ramón, un instituto único que apuesta por los pequeños grupos

En el barrio de la estación existe desde hace 50 años un instituto de secundaria que es una anomalía positiva en el sistema educativo gallego: el Puga Ramón, un centro de 450 alumnos dependiente de la Diputación, público, por tanto, pero sometido cada inicio de curso a una suerte de hoja en blanco, pues al contrario que el resto de IES, este carece de centros de primaria adscritos, desde los que llegan los chavales a sus institutos de referencia para estudiar secundaria. «Aquí, no. Aquí los que vienen es porque renuncian al suyo y eligen este», explica Pablo González, el director, que no oculta el redoble de exigencia que implica esta circunstancia. «Cada septiembre necesitamos 75 alumnos y eso puede hacer que nos impliquemos todavía más, si cabe, para garantizar el futuro del instituto», afirma. El Puga es, después del Monelos, el centro público con mejor media en selectividad y cada año supera el anterior. «¿El secreto? Desde primero de secundaria desdoblamos las clases para trabajar en grupos más pequeños, de 15 alumnos. Los profesores exprimimos los horarios para dedicarnos a cada niño de forma individualizada».

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