Un verano en un campo de trabajo arqueológico y medioambiental, al otro lado del Atlántico
VEDRA
Dos mexicanas, Karen y Ale, participaron en un voluntariado internacional donde tuvieron la oportunidad de zambullirse en la historia de Vedra y Boqueixón
31 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hasta hace poco, Ana Karen Ramírez y Alejandra Nayeli Migueles no habían oído hablar de Galicia, y mucho menos de Vedra o Boqueixón. Sin embargo, estas dos mexicanas de 20 y 23 años —respectivamente— han pasado parte del verano en una tierra que las ha conquistado, donde han compaginado los trabajos en un campo arqueológico y medioambiental con el esparcimiento, la convivencia con lugareños y el descubrimiento de la cultura, gastronomía y patrimonio que se atesora a orillas del río Ulla, de las leyendas que forman parte de la historia local y de sus múltiples encantos.
Ambas participaron en un voluntariado internacional que arrancó el 21 de julio en Vedra y acaba hoy en Boqueixón, un proyecto organizado conjuntamente por ambos municipios y la Dirección Xeral de Xuventude en el que estuvieron involucrados durante las últimas dos semanas una veintena de personas, entre profesionales y voluntarios de distintas partes de España y del extranjero.
Karen es de Aguascalientes, una ciudad del centro de México, y Alejandra (más conocida como Ale) vive a una hora y media en coche de allí, en León. Cuentan que ambas accedieron a una beca municipal y en el panel de Vive México escogieron el proyecto de voluntariado de Monte Sacro. Ninguna de las dos había estado antes en España y reconocen que «fue bonito conocer todo lo que tiene que ofrecer» este rincón del país.
«La naturaleza y el senderismo me encanta y aquí tenéis hay demasiadas rutas y lugares bonitos», dice con voz entusiasta Karen, quien está en su tercer año universitario, estudiando Finanzas. Su compatriota tampoco se dedica a nada relacionado con la arqueología, sino que se forma en Ingeniería en gestión empresarial y se dedica al sector del márketing digital, pero asegura que este ha sido un reto muy gratificante. Vino «con el objetivo de aportar mi granito de arena» y destaca los logros del «trabajo en equipo», uno en el que reinaron las risas a pesar de estar cansados y soportando un calor que hasta a ellas se les hizo cuesta arriba en algún momento.
Las mexicanas, junto con el resto de sus compañeros, participaron en la puesta en valor del área arqueológica y natural de San Xoán da Cova, así como en el Pico Sacro. Cubrieron excavaciones ya realizadas, colaboraron en la clasificación de piezas arqueológicas y ayudaron a limpiar de vegetación varias zonas, entre otras actividades que las tuvieron ocupadas en Vedra y Boqueixón.
Y fuera del campo de trabajo también hubo lugar para el descubrimiento. «Estoy totalmente fascinada por la gente y por la cultura. Ayer [por el miércoles] fui a un furancho y me encantó el ambiente. Me gusta mucho que sean aquí tan arraigados a su cultura y sientan orgullo de ella, de sus bailes, música, gastronomía...», indica Karen. «El carácter de la gente me ha sorprendido para bien. No creía que me iba a encariñar tanto de las personas de aquí», corrobora Ale, quien regresa el sábado a casa con la sensación de que esta experiencia «ha ampliado mi visión del mundo».