Las intoxicaciones por la procesionaria se adelantan y la plaga invade zonas de pinos

Melide es el concello más afectado, pero la oruga también ha obligado a llevar al veterinario a perros de Santiago, Vedra y Brión


Santiago / la voz

Conforme avanza la primavera, la procesionaria suele evidenciar su presencia en los pinares. Algunos se llegan a cubrir de cientos de nidos blancos, unos bolsones o bolas que parecen hechas de telaraña y sirven de refugio para estas orugas. Con el buen tiempo se organizan las colonias y bajan del árbol formando una característica fila india, como si fueran en procesión. De ahí viene su nombre. El atípico final cálido de este invierno ha provocado que se adelante el proceso y ha favorecido también que se extienda la plaga más de lo habitual, indican los veterinarios de la zona, acostumbrados a recibir a perros intoxicados por la procesionaria, pero no a que aparezcan tantos casos ni tan pronto.

Esto es lo que sucede, por ejemplo, en el entorno de Melide, donde en febrero ya hubo alguna mascota afectada. «Tan temprano no es normal, ni es habitual que tengamos tantos casos, pero este año los pinares, incluso a pie de carretera, están plagados de nidos, y ya no quiero pensar cómo estarán si te adentras un poco», indican desde la clínica veterinaria de la ronda de Pontevedra, donde ya han atendido a casi media docena de perros.

Por fortuna, sus dueños actuaron bastante rápido. Solo un par perdieron la lengua a causa de la toxina que se aloja en los pelos que recubren a la oruga y que actúan como flechas venenosas, pudiendo producir desde dermatitis, rinitis o asfixia, hasta necrosis e incluso la muerte en los casos más graves.

Hace dos meses también llegó el primer y único caso que tuvieron este año en Teovet. El animal se intoxicó en Vedra, señalan en el centro veterinario de Teo, donde por el momento no han notado un repunte respecto a otros años en propio municipio, pero aún así han lanzado un aviso a los dueños de perros a través de las redes sociales, al igual que otros muchos centros. Además, se ha constatado la incidencia de la oruga en animales tanto en Brión como en Santiago.

Carme Seoane, de Can Cat, cuenta que al Restollal también le han llegado un par de casos, uno de ellos intoxicado cuando paseaba por la zona del monte do Gozo. «Cada ano veñen antes. Nótase moitísimo como se está adiantando», confirma la veterinaria con centro de operaciones en Santiago desde el 2008.

Amenaza para niños y árboles

Seoane advierte que «a procesionaria non só é un perigo para os cans, tamén para os nenos e para o ecosistema. Aliméntase dos pinos e doutras coníferas, causando danos graves nas masas forestais». La veterinaria explica que «ao ter un aspecto inofensivo, esa cor amarela e un andar lento en fileira, parece que non hai perigo, pero chaman a atención de nenos e dos cachorros e cans máis curiosos».

«As eirugas non atacan, pero en contacto coas mucosas ou con outras cavidades, como beizos ou conxuntiva ocular, segregan unha sustancia que produce a liberación de histamina e a inflamación do organismo. Ten un efecto brutal. Morren as células e chegan a morrer parte dos tecidos, por iso hai cans que quedan sen parte da lingua por necrose ou, se a chegan a tragar, pode ser totalmente letal», añade.

«Tenemos unas 2 horas de margen para reaccionar»

Es fundamental saber cómo actuar y qué no hacer al ver a la procesionaria. Lo primero que aconsejan es no pisarla y, en segundo lugar, alejarse de las orugas si las personas van acompañadas de una mascota, un niño o son alérgicas. ¿Y si hay contacto? Carme Seoane publicó este mes un artículo dirigido a los dueños de mascotas en el que indica cómo actuar ante la mínima sospecha. Existe tratamiento, indica, pero hay que tener claro que «tenemos unas dos horas de margen para reaccionar a tiempo».

Uno de los síntomas es que el perro tenga demasiada saliva en la boca y puede rascarse la cara, con el peligro que supone arrastrar las espículas (pelos con la toxina urticante) a los ojos. Una manera de salvar esos tejidos es una atención temprana y nunca hay que quitar las espículas con las manos. Se hace con chorros de suero fisiológico, o agua en su defecto.

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