Cuatro años de cárcel para el ladrón que saltó por una ventana del Imelga

Su cómplice logró huir esposado de los juzgados y sigue hoy en día en busca y captura


santiago / la voz

La historia de Miguel Ángel Lorenzo Rey y Samuel Salazar Bentos sería como la de muchos delincuentes habituales que entran y salen de comisaría por hurtos y robos de no ser porque el 7 de junio del año pasado protagonizaron un intento de huida en los juzgados de Santiago propio de una película de acción. En el caso de Samuel, fue más que una tentativa, porque tuvo éxito. Aprovechó que se había quedado a solas con su abogado en una sala para, pese a estar esposado, escapar por una ventana que da a la parte trasera del edificio. Corrió perseguido por unos agentes hasta el coche en el que le esperaban sus compinches y en el que se esfumó sin dejar rastro. Hasta hoy, que sigue estando en busca y captura y en situación de rebeldía procesal.

Miguel Ángel no estuvo tan fino. Trató de salir del edificio saltando por una ventana del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga), pero un forense estuvo atento y le agarró a tiempo. No pudo, como su cómplice, eludir la acción de la Justicia e ingresó en prisión preventiva. Ayer le llegó el día de sentarse en el banquillo de los acusados de la sección sexta de la Audiencia Provincial, la que tiene su sede en Santiago. La Fiscalía le pedía seis años y tres meses de cárcel por un delito continuado de robo con fuerza en casa habitada y otro de hurto. Con un quintal de pruebas en su contra, su abogado hizo lo único a su alcance: pactar con la acusación. Logró una reducción de dos años en la pena a cambio de admitir su culpabilidad alegando que era adicto al cannabis y la cocaína cuando cometió los actos que le han llevado a prisión.

En la vista quedó claro que la baza de la drogadicción era la que se iba a jugar Miguel Ángel. Incluso hizo uso de su derecho a la última palabra para preguntar directamente al tribunal si suspenderían la pena, a lo que los magistrados le respondieron que su petición quedaba cursada, pero que deberían estudiarla y tomar una decisión.

Esa atenuante de drogadicción, de momento, ha pesado más que la agravante de reincidencia, pero de nada le valdrá a Miguel Ángel si cuando logre salir de la cárcel vuelve a las andadas. Hasta que llegue ese día tendrá que conformarse con la breve sensación de libertad que tuvo al salir de la sala de vistas pese a estar engrilletado en todo momento. Allí le esperaban sus familiares y amigos y quiso mostrarles los dos pulgares hacia arriba en señal de que está bien. Ellos le animaron con arengas y promesas de próximas visitas al penal y uno le interpeló directamente con un «tú vete tranquilo, ¿eh?», a lo que el joven ladrón confeso contestó con una media sonrisa. Más tiempo tuvo su novia, que pudo verse con él antes de que lo bajaran a los calabozos y despedirse ante la atónita mirada de las víctimas de los cuatro robos, que parecían no comprender nada. Quizás por ello, la propia fiscala los reunió allí mismo para explicarles que el joven que les había robado había sido condenado y que, al menos de momento, seguirá entre rejas.

De robo en robo de Santiago a Vedra y en coche de alquiler

Si el intento de huida en los juzgados de Miguel Ángel Lorenzo Rey y Samuel Salazar Bentos fue de película, no menos cinematrográfico fueron los hechos que motivaron su detención. Aunque ese guion bien podría haberlo firmado el mismísimo Berlanga.

El 5 de junio del 2017, ambos jóvenes alquilaron un coche con el único propósito de robar en cuantas casas pudieran. Empezaron en Santiago, en la zona de Chouchiños, y tras pasar por Vedra y Boqueixón, volvieron a Compostela tras recorrer cerca de treinta kilómetros y entrar en cuatro viviendas. Fue en la última en la que acabó su razia. El propietario los descubrió, salió tras ellos y llamó a la policía. Cuando les arrestaron, llevaban en el coche todo el botín.

Los robos se produjeron entre las 15.30 y las 18.50 horas y sus métodos de entrada en las casas no fueron muy sutiles. En una de las de Santiago rompieron una ventana de la cocina con un ladrillo y se colaron para hacerse con una vajilla, una carpeta con documentación, dos cajas y dos relojes de las marcas Cornavin y Kardex. Poca cosa. Casi fue más lo destrozado -180 euros-, que el botín, que ha sido valorado en solo 301 euros.

En Vedra, escogieron una casa de Sarandón. Saltaron un muro y la verja circundante, de 1,70 metros de altura, y aprovecharon una ventana abierta para entrar y llevarse un ordenador portátil marca Asus, una tarjeta de transporte público de Galicia, dos relojes de las marcas Seiko y Lotus y una gaita gallega con su estuche. Todo fue valorado en 2.450 euros. En Boqueixón pasaron por Lestedo, rompieron la puerta de cristal con un objeto contundente y se hicieron con varias cajas y estuches con joyas y moneda italiana, con un valor global de 940 euros. En la otra casa de Santiago en la que entraron, en Marrozos, volvieron a usar la fuerza para apalancar la puerta de entrada y se llevaron 60 euros y billetes extranjeros que los dueños tenían como recuerdo.

Además, Miguel Ángel también estaba acusado por haber hurtado otro día, el 31 de mayo del 2017, una maleta en la estación de servicio de la Galuresa a un hombre que se descuidó un momento.

Algunos de los objetos robados fueron hallados por la policía y devueltos a sus dueños, pero no todos, por lo que el joven tendrá que hacer frente él solo al pago de las indemnizaciones a los dueños, que superan los 2.000 euros. Como alegó no tener ingresos suficientes, la Audiencia compostelana le ha permitido hacer ingresos mensuales de cien euros hasta saldar por completo su deuda, a lo que deberá añadir el pago de las costas que ha originado el proceso. Quizás quiera saldar cuentas con su compinche huido si algún día aparece, ya que la mitad de lo que le reclaman debería haberlo abonado él si le hubiesen juzgado.

Durante su periplo delictivo asaltaron cuatro casas y recorrieron cerca de treinta kilómetros

En la última vivienda, los descubrió el dueño, que los persiguió y llamó a la policía

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