«A la muerte hay que esperarla y no desesperarla»

Luis Ballesteros, vecino de Vedra de 99 años de edad, pasa los días tallando bastones en ramas de árboles y, sobre todo, charlando con los peregrinos de la Ruta da Prata


santiago / la voz

Luis Ballesteros Martínez es un ejemplo de envejecimiento activo. Sus 99 años no han hecho mella en su memoria ni en su interés por seguir aprendiendo. Su última afición es el ordenador, porque tiene «respuestas para todo lo que se me ocurre. Sabes cuál es el árbol más grande del mundo, una secuoya roja que tiene más de dos mil años». Así cuenta una y otra curiosidad aprendida en Google. Sus sobrinos teclean las preguntas y le leen las respuestas que salen en la pantalla. «Yo quiero saber», comenta este vecino de Vedra.

«Después de la guerra del 14 ­-saben ustedes que hubo una guerra en el 14- vino una gripe que se llevó a mis padres. Los dos salieron juntos de casa para el cementerio, en el 20. Yo tenía 4 años. Dijeron que fue la gripe, pero la muerte viene porque Dios la manda. Para qué saber de que se muere», sentencia. Luis no tiene recetas para su larga vida: «Tú solo pídeselo al jefe, pero al auténtico, sin intermediarios». Este hombre, que nunca se casó, vive como un miembro más de la tercera generación de la familia creada por un hombre que prácticamente crio y que ya falleció. «Cosas de la vida y de la muerte», medita. «A la muerte hay que esperarla, cuanto más tarde mejor; pero ya os digo que hay que esperarla, pero no desesperarla».

Una de sus ocupaciones favoritas es la de tallar ramas de árboles. Tiene una colección de bastones, que elabora «con paciencia». «Ahora se vive con prisas, hay que ir más despacio porque sino no vives», aconseja. A sus años no quiere ni oír hablar de quedarse quieto. «Para qué, si estoy bien. No conozco enfermedad y eso que cuando era mozo llevaba las vacas al monte y estaba todo el día mojado. Solo la vista me dio problemas, pero me operaron de cataratas y quedó resuelto. A otra cosa», comenta.

A Luis lo que realmente le gusta es hablar del Pico Sacro, de su pueblo, de la historia de la reina Lupa y el Apóstol Santiago. Nuestra charla, que transcurre junto a la capilla del Santiaguiño, en San Pedro de Vilanova, en la Ruta da Prata, es interrumpida para posar para las fotos. «¿Me vas a sacar cara de viejo?», le dice a Soler. Mientras conversamos, pasa un peregrino al que saluda. «De dónde eres?», pregunta. «De Toledo», responde. «Allí no tenéis nada como esto, mira que monte más maravilloso». Tras una amena charla, José Antonio Novo, que así se llama el peregrino, no quiere marcharse sin una foto con el cicerone de San Pedro y adquiere el compromiso de intercambiar correspondencia y se lleva la invitación a su cumpleaños. «Vuelve para el año. En agosto cumplo 100 años y lo celebramos». La anécdota no es casual. Luis pasa horas junto al Camino, charlando con los peregrinos y regalándoles historias de su larga vida.

Actos por el día de los mayores

Una de las vivencias que cuenta con orgulloso es la de haber ganado una apuesta sobre el Pico Sacro. «Cuando era más joven, tenía unos 70 años», apostó que era capaz de bajar del Pico Sacro en 15 minutos. «Las piernas me fallaban, pero no iba a perder 2.000 pesetas. Llegué y gané», ríe. Desde esta anécdota se organiza cada año una carrera por el Pico. «Tenéis que venir, no hay nada más hermoso».

Con motivo del Día Internacional do Maior, Santiago acogerá varios actos. La Unión de Xubilados e Pensionista de UGT se reunirá con los grupos parlamentarios y entregará a la Mesa do Parlamento un manifiesto en el que se analiza la situación actual de los mayores en Galicia. La Asociación Cultural Galega de Formación Permanente de Adultos celebrará una caminata saludable entre Virxe da Cerca, donde está su sede, y la Granxa do Xesto y la Selva Negra. En Afundación (rúa do Vilar), el Concello y la Fundación celebrarán un acto conmemorativo que incluye la instalación de un photocall para visibilizar a los mayores.

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