Un paseo espectacular por las magníficas carballeiras del río Dubra

La ruta conduce a la ermita de San Xoán y Santa Margarida


Pocas veces una ruta mereció el calificativo de maravillosa con tanta justicia como la que conduce a la ermita de San Xoán y Santa Margarida en tierras de Val do Dubra. Y a su encanto une dos ventajas: la primera, que ahora no la transita nadie o casi nadie, de manera que el riesgo del contagio a la hora de salir de casa y llenar los pulmones de aire fresco es nulo; la segunda, que a pesar de las lluvias pasadas está muy transitable, el suelo es duro, cubierto primero con hojas de eucalipto y después de carballo. Súmesele a lo anterior que es apta para ir toda la familia y ya se habrá configurado una opción excelente para este fin de semana con sol.

De manera que hay que encaminarse a Val do Dubra, y en Bembribe, su capital, girar a la izquierda en el centro, dejando a una mano y a otra un viejo molino con la puerta abierta, un tanatorio, un buen ejemplar de hórreo al que le sobra ladrillo en sus cercanías y un cruceiro normal y corriente.

Y ante este último -o sea, a mano izquierda según va el viajero- arranca una pista de tierra muy bonita que a los pocos metros empieza a coger altura, justo donde también comienza la señalización con las franjas blancas y amarillas (en realidad, también puede empezarse desde la carretera que va a Paramos, pero no merece la pena).

Así que en ese lugar arranca la subida entre carballos. Espectacular, pero no dura, y de hecho tiene un descanso por la mitad. Hay dos invitaciones a girar a la izquierda, pero no deben tomarse, sino seguir de frente. En la primera los carteles ya indican que el visitante pisa la ruta de pequeño recorrido 202, y que le quedan 950 metros para llegar al templo de San Xoán y Santa Margarida.

Y como a la tercera va la vencida, desvío a la izquierda, señalizado «Carballeiras. Ermita», que va a permitir plantarse ante el templo cuando se ha recorrido kilómetro y medio escaso. Un paseo. El premio es justamente ese: hallarse ante una ermita de grandes dimensiones, muy sólida y con un cruceiro delante (por cierto, hay ahí un contenedor de basura, aunque el ayuntamiento parece que no lo vacía muy a menudo). Fue restaurada en el 2009.

La ruta puede prolongarse (es, oficialmente, la de la Fervenza do Rexedoiro), pero esa es otra historia. Ahora las posibilidades son ver la Fonte Santa (ojo: hay árboles que frenan la marcha) o dar marcha atrás y descender a la derecha a los 150 metros hacia las Carballeiras do Dubra.

Bajada prolongada y a la altura del río -que queda algo lejano- ese camino se convierte en sendero, para llegar al punto de partida.

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