El conjunto impresiona y casi obliga a quedar allí un rato
15 feb 2026 . Actualizado a las 05:05 h.Trazo es uno de los municipios más verdes de Galicia y, aldeas aparte, de los más bonitos. Salpican el territorio, aquí y allá, templos que demuestran que fue también un ayuntamiento rico, porque solo con riqueza era posible ceder el excedente para construir esos edificios. Y una de las pruebas lo conforma el santuario de Santa Eufemia (romería el 16 de septiembre) y San Mateo (otra el 21 de ese mismo mes), en Vilouchada, en Trazo.
El recibimiento no puede ser más animoso: un excelente cruceiro con pousadoiro levantado todo ello sobre una basa de cuatro niveles. Lo sorprendente es que para abrir una entrada a ese espacio amplio que es un auténtico parque se han comido parte del terreno.
Arriba el entorno hace gozar de una sensación de tranquilidad y sin ruidos, solo adulterada cuando de tarde en tarde pasa algún coche por la carretera. Espacio seguro incluso para menores. La doble fila de árboles, de enorme altura, induce a caminar entre los carballos hacia el templo, para luego salvar los nueve escalones que terminan en una verja (abierta) y encontrarse ante un magnífico edificio.
Todavía hay que subir más, y eso lo facilita una sobresaliente escalinata de tres accesos, desigual en los lados. Decía una persona que acude a la romería anual desde hace más de tres decenios que «parece que un levita cando ascende tendo esa fachada ante os ollos, con pilastras e a torre coas campás».
Igual no es para tanto, pero algo mágico encierra el ir poniendo un pie delante del otro y acercarse al frontón triangular y a la puerta rectangular (lo único sencillo, desde luego). La planta de la iglesia es casi una griega (o sea, de brazos iguales). Impregna todo un neoclásico elegante y muy raro de encontrar por el mundo rural gallego del siglo XVIII (la mencionada escalinata incluida) que luego sufrió reformas en el XIX y en el XX. Un elemento destaca visualmente, y es su cúpula octogonal que remata el crucero —donde se cruza la nave principal con la otra— por su parte superior, y que se distingue desde muy lejos porque presume de un color blanco muy llamativo.
El conjunto impresiona y casi obliga a quedar allí un buen rato, y si se han llevado provisiones procede tener en cuenta que esperan varias mesas con bancos, por supuesto muy solicitadas en primavera y verano. Y mientras se reponen fuerzas no resulta mala idea reflexionar por qué el gran divulgador gallego Carré Aldao calificó el santuario como «a catedral da montaña».
Y al regresar a Santiago la recomendación es parar al medio kilómetro escaso, porque a la derecha espera la Fonte da Santa, de cinco caños (de ellos, solo tienen actividad cuatro). Se trata de una gran y señorial fuente, con dos inscripciones, pero lo más importante no es eso, sino que sus aguas están consideradas idóneas para combatir el reumatismo y, según viejo saber, la esterilidad. ¡Lástima que su hornacina, con techo de vieira, esté vacía, pero no se puede pedir todo!
Cómo ir
Desde la rotonda del centro de Sigüeiro hacia Vilacide (donde se hallaba la antigua estación de tren). Se cruza el río Lengüelle y se sigue hasta encontrar un desvío a la izquierda señalizado Vilouchada. Desde ahí, algo más de cuatro kilómetros.