Campo, otro de los conjuntos escultóricos que esconde el verde Trazo

cristóbal ramírez SANTIAGO / LA VOZ

TRAZO

CRISTÓBAL RAMÍREZ

El municipio puede presumir con justicia de esconder estupendos templos

01 ago 2023 . Actualizado a las 17:08 h.

Trazo es el maravilloso municipio olvidado de la comarca compostelana: una auténtica inflación de verde, de granjas, de enormes extensiones de plantaciones de maíz solo interrumpidas por las poco estimadas repoblaciones de eucaliptos y, aquí y allá, algunas carballeiras y pequeños bosquetes de ribera al lado, claro, de la multitud de regos y regatos. Y, además, puede presumir con justicia de esconder estupendos templos. No porque sean de grandes magnitudes, ni siquiera porque sean —que lo son— muestras del barroco dieciochesco que se extendió por Galicia entera, sino porque esas iglesias conservan restos del esplendoroso románico que urge conservar.

CRISTÓBAL RAMÍREZ

Y aunque a ciegas se señale un punto en su mapa municipal, el acierto esta garantizado. Por ejemplo, dirigiéndose desde el centro de Sigüeiro hacia el Lengüelle, salvándolo por puente cuya estética clama al cielo y siguiendo por una carretera de firme irregular y que quizás en otros tiempos haya conocido la pintura. Mucho más adelante cambia radicalmente, y desde luego para bien. Misterios.

Así se llega a un cruce y se elige la izquierda, quedando a mano contraria el llamativo bar O Castelo, totalmente aislado y que debe ser el punto de encuentro de los habitantes de un amplio territorio. Y continuando un par de kilómetros, en la bifurcación a la diestra para, en la primera casa volver a elegir la izquierda. En absoluto es complicado.

CRISTÓBAL RAMÍREZ

Y máxime porque allí se alza, un poco apartado del asfalto (¡Por suerte!) un magnífico cruceiro. Data nada menos que del siglo XVII, según reza una inscripción: «ESTA OBRA HIZO JACOME DAICLA A (ño) 1614». Estupendo fuste (con algún arreglo que evitó males mayores) y la Virgen con Cristo descendiéndolo de la cruz.

Eso es la entrada a la aldea de Campo, por la cual hay que ir atentos porque a la derecha queda una «pía», quizás demasiado pequeña para haber sido un sepulcro medieval. El entorno semeja mejorable, aunque tampoco desentona gracias a una casa de piedra vista muy bien rehabilitada que sirve de telón de fondo.

CRISTÓBAL RAMÍREZ

Y al fondo, la iglesia puesta bajo la advocación de San Xoán. A distancia ya se nota que su tejado se halla en buenas condiciones, que la espadaña anuncia el siglo XVIII o quizás el XIX y que al menos los esquinales son puros sillares de granito. Pero algo más llama la atención, algo pequeño: los canecillos que soportan el alero del tejado, nueve por esa parte, muy gastados. Son un poco más interesantes los once que sobreviven por el otro lado, y, especialmente, los otros dos más que se encuentran en el ábside, sobre todo el que representa la cabeza de un carnero.

Ello hace olvidar, injustamente, que la entrada al templo se transforma en un ejemplo de cómo convertir en arte el mero hecho de enlosar, que la fachada, sencilla, posee doble espadaña coronada por una cruz y que las dos campanas están en su sitio. Porque esos canecillos y ese ábside rectangular con sus contrafuertes y su ventana ciega indican que la iglesia fue levantada en torno al 1200 o muy poco más tarde.

Antes de salir del lugar, con el cementerio parroquial que con buen criterio fue construido ligeramente apartado de esas paredes centenarias de manera que no se le echa encima, hay que fijarse en otros dos elementos. Uno es la pila bautismal que espera en la entrada del recinto a la derecha. Y el otro es una inscripción en la fachada: «Esta obra s(e) (hi)zo s(ien)do cura ecónomo dn. Andrés Quintans. El Año de 1842».

La excursión puede terminar en Viaño Pequeno, donde es posible reponer fuerzas. Además, allí se alza otra capilla de reducidas dimensiones, muy austera en un interior en el cual destaca su altar dominado por los azules, con abundancia de sillares y su elegante espadaña, con campana, en el exterior. Lástima que los cables afeen ese entorno que, de otra manera, se merecería un notable alto.