Berreo, un icono medieval en Trazo

Destaca el campanario exento, una obra que data del siglo XVII


Trazo no ha tenido jamás interés en promocionar sus tesoros históricos, y realmente es una pena que las corporaciones municipales no se hubieran fijado nada más que en su magnífico paisaje -¡qué verdes!- y en las repoblaciones de arbolado. Pero promoción turística, cero.

Pero sí está claro es que los hombres prehistóricos supieron entender que el Tambre, el gran río que limita Trazo, era sinónimo de posibilidad de sobrevivir. O sea, de comer todos los días, que de eso se trató durante decenas de miles de años. Porque desde el principio de Oroso al menos hasta la entrada en lo que hoy es territorio compostelano las huellas de poblamientos cercanos al Tambre son muy numerosas desde al menos 5.000 años.

Enclaves concretos para comprobarlo hay muchos. Por ejemplo, en la preciosa parroquia de Berreo. Claro está que ahora mismo solo pueden ir hasta ahí los propios habitantes de Trazo -los perímetros hay que respetarlos a rajatabla-, pero valga la ruta para cuando se restaure la normalidad, que se restaurará.

Y entonces cójase en el centro de Sigüeiro hacia la estación de Vilacide, la del propio Sigüeiro, hoy desaparecida, y antes de llegar a ella, señalizado, cruce a la izquierda. Y un poco menos del kilómetro después de cruzar el río Lengüelle, desvío a la misma mano. En realidad, es el tercer desvío, y está señalizado Viaño, que viene siendo el centro de este municipio sin conjunto urbano.

Poco más de un kilómetro más adelante está San Mamede de Berreo, a la derecha, con su iglesia apartada del asfalto. ¿Se trata de un templo más de los cientos o quizás miles que hay por la Galicia rural adelante? Eso parece. Pues impresión radicalmente falsa.

Porque el viajero llega, aparca, si hay pequeños empezarán a corretear hacia el parque infantil o a darle patas a la pelota en el campo que allí mismo se extiende, los mayores alabarán el crucero casi camuflado entre la arboleda y el hecho de que el cementerio no se “coma” la iglesia, mientras quedarán asombrados por el antiestético palco de la música.

Y luego raro es quien no queda impactado al contemplar el campanario exento. Es decir, está aislado, una magnífica obra que data del siglo XVIII. A su lado se alza la iglesia, con piedra vista una parte y blanco muy desvaído por otra.

Y ahí, en ese mismo espacio donde hoy en día el virus no llega porque no hay nadie alrededor, a finales del siglo XII las mesnadas del conde Gómez González se plantaron ante los hijos del conde Bermudo Pérez y, mediando, consiguieron que la paliza que estos le habían dado a un canónigo sobrino del arzobispo de Santiago quedase en poca cosa, porque hubo arreglo.

Pero esas hierbas que pisa ahora el excursionista estuvieron a punto de llenarse se sangre.

COMIENZO

42°59’21’’ N 8°29’10’’ W

EL DESAFÍO

Dibujar el campanario.

LA FOTO MÁS PERSONAL

Con el campanario de San Mamede.

EL PASADO

En el siglo XII docenas de caballeros armados, soldados y sirvientes se instalaron en Berreo para evitar un conflicto sangriento.

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