¿Puede curarse la herida de la mina?

El Centro de Valorización Ambiental de Touro-O Pino afirma que el 90 % de la superficie de la vieja explotación está regenerada y que no hay afectación al Ulla


vilagarcía / la voz

El proyecto de reapertura de la mina de Touro-O Pino se ha convertido en uno de los asuntos que más preocupan a los sectores productivos de la ría de Arousa. De esta explotación dejó de extraerse cobre en 1986, cuando tras diez años de intenso trabajo, Riotinto recogió sus bártulos y sus ganancias y se marchó, sin mirar atrás. Sin pensar ni un segundo en los problemas ambientales que había generado su paso por este lugar. En 1993, Explotaciones Gallegas se hizo con esa explotación. «Cuando llegamos, aquí todo era rojo», asegura Eva Gómez, la gerente de esta empresa. No solo el paisaje -con las cortas, las enormes escombreras y la balsa- era deprimente. Todas las aguas que tocaban este espacio tenían pH hiperácidos.

Los opositores a la reapertura de la mina de Touro temen que la situación no haya cambiado mucho desde entonces. Sostienen que la mina no ha sido objeto de una adecuada restauración, y que las aguas contaminadas llevan treinta años dañando a la ría de Arousa. La versión que dan las empresas que forman Vatop, el Centro de valorización ambiental de Touro-O Pino, es radicalmente diferente. Aseguran que el 90 % de la superficie de la mina está restaurado o en proceso de restauración gracias al uso de tecnosoles (suelos artificiales). Aseguran, también, que esa regeneración ha permitido corregir la acidez de las aguas, y que ahora todas tienen un pH neutro, a excepción de las del regato de Portapego y otras de la «parte baja» de la balsa, donde los planes de restauración se han frenado al detectar en el riachuelo la existencia de una gran biodiversidad de extremófilos.

Los organismos más antiguos

¿Qué tienen estos de particular? Según Felipe Macías, catedrático del departamento de Edafología y Química Agrícola y padre intelectual del proyecto de regeneración de esta mina -y de otras-, estos son los «organismos más antiguos del planeta», y en sus encimas podrían encontrarse respuestas a muchas cuestiones y soluciones a muchos problemas. «Pero hay que estudiarlos, de hecho la NASA lo está haciendo en Huelva, por eso creemos que vale la pena conservarlos», explicaba ayer. Por eso, y dado que el agua no produce afectaciones ya que su acidez se diluye al desembocar en el Lañas, se ha optado por conservar este vivero de arqueobacterias hasta que pueda ser trasladado «hacia el interior de la mina», hasta un parque en el que podrán ser estudiadas por los científicos.

Pero, fuera de ese espacio que se ha decidido dejar temporalmente tal y como estaba, aseguran desde Vatop que la restauración de la mina avanza de forma inexorable. El proceso, explica Macías, «lleva su tiempo», pero está dando unos resultados «excelentes, y el trabajo que aquí se está realizando es modélico». Ayer organizaron una visita a la mina para reivindicar lo que ha sido «aplaudido» durante años, hasta que el proyecto de reapertura de la mina ha hecho surgir dudas, temores y denuncias. En estos momentos, la empresa tiene dos expedientes sancionadores por carecer de autorización para verter «aguas de lluvia que salen de la última balsa de decantación; una autorización que nunca nos había sido requerida», según señalan. También han sido denunciados «por el tipo de residuos de entrada y de salida» de la mina.

Explican que esta última está ligada a los lodos que llegan hasta una de las empresas que da cuerpo a Vatop: una planta centrada en el compostaje de lodos de depuradoras de toda Galicia, que son convertidos bien en fertilizantes, bien en suelos artificiales o tecnosoles. Esta empresa, Tratamientos Ecológicos del Noroeste, ocupa una superficie de unos diez mil metros cuadrados, y en ella se tratan los lodos de depuradoras, que mezclados con astillas de madera, se convierten en fertilizantes. Las depuradoras de O Salnés, explican desde Vatop, tratan allí sus residuos, que luego vuelven, convertidos ya en abono, para fertilizar algunas de las plantaciones de albariño de la comarca. Pero en esta planta se formulan, también, suelos artificiales que reproducen las características de suelos existentes en todo el planeta, buscando aquellos más adecuados para distintos fines. Con ellos se está regenerando la vieja mina, una superficie de más de 560 hectáreas en la que flota un olor extraño. «Trabajamos con residuos, el olor no es agradable», explicaba David González.

El paisaje tampoco lo es. En algunas de las escombreras -son enormes extensiones de terreno, igual que la vieja balsa de decantación, que parece inabarcable a la vista y sobre la que ha construido, incluso, un polígono industrial- el proceso de regeneración sigue en marcha. «Esto hay que hacerlo poco a poco: extender el suelo, dejar que la vegetación arraigue, y cuando esté consolidado extender otra capa» de ese producto oscuro y maloliente. Poco a poco, sobre él irá abriéndose paso la naturaleza. Felipe Macías muestra con orgullo el humedal creado en la corta de Bama, un «anfiteatro de piedra» que se ha cubierto de vegetación, en el que la vida se ha ido abriendo camino, según asegura Macías, y en el que el agua recupera un pH neutro con más rapidez de lo habitual.

Además de la planta de compostaje (TEN), dentro de una mínima parte de la mina funcionan Explotaciones Gallegas, que se dedica a la extracción de áridos y a la construcción de carreteras, y una planta de reciclaje de plástico.

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