Del preservativo al orgasmo pasando por la homofobia, las bravuconadas y la vergüenza


Treinta y cinco chicos y chicas de tercero de la ESO. Unas edades que oscilan entre los 14 y los 16 años. Toca taller de sexualidad con una experta del centro Quérote. Paula trae material, ganas de que los jóvenes colaboren y tablas, muchas tablas.

Hacer hablar a los alumnos del CPI Fonte-Díaz de Touro es casi un imposible. Y mucho menos de sexualidad. Ellas lo afrontan con más naturalidad, pero ellos solo abren la boca para soltar un chiste fácil, bien en alto o bien al compañero. Sin embargo, tras una hora y media de taller, los alumnos acaban participando, y seguro que aprendiendo. Lo primero que hace Paula es preguntarles cuáles son sus inquietudes sobre el sexo. No toca en este caso hablar ni de métodos de protección ni de enfermedades de transmisión, porque esos temas ya los abordaron en otro taller. No hay voluntarios. Una chica se anima y asegura que a su edad las dudas son «como é estar cun rapaz». Paula les explica que en el centro Quérote reciben más preguntas sobre inseguridades, sobre cómo alcanzar el orgasmo o sobre la relación en sí, que acerca de métodos y enfermedades.

En el segundo ejercicio hay más participación, pero los jóvenes siguen reticentes. Deben decir la primera palabra que les venga a la cabeza al hablar de sexualidad. El abanico acaba siendo variopinto. Preservativo, sexo, relaciones, pirola, orgasmo, 69, kamasutra, misionero, pechos, francés, culo, orgía, soldadito... hasta ¡críos! La profesional de Quérote, que depende de la Consellería de Familia, les explica que la sexualidad va más allá de las posturas. No surge en la adolescencia, como creían los estudiantes, sino que empieza al nacer y acaba al morir la persona.

Para aclararlo es necesario un segundo ejercicio. Paula da pistas y ellos deben posicionarse sobre si se trata de un hombre o una mujer. «Gústalle levar saia, a música heavy , gústanlle as mulleres, pero tamén estivo con algún home. Ten tetas o síntese home». Solo la definen como varón algunos «e por levar a contraria». Con esto pretende explicarles que la sexualidad no es solo tener pene o vulva, sino un compendio de factores biológicos, sociales y psicológicos.

Tercer ejercicio. Los chicos se reúnen en grupos de cinco. Tienen un folio con un cuerpo por delante y por detrás, en el que no está definido el sexo. Deben marcar todas aquellas partes del cuerpo en las que pueden realizarse prácticas eróticas y enumerar cuáles. Aunque le echan poca imaginación, al final el listado es completito. Encuentran actividades diferentes para los labios, orejas, cuello, pechos, espalda, piernas, genitales, barriga, ombligo, culo, manos y pies. Algunas más suaves, como soplar o susurrar, y otras más directas, como azotar o chupar.

Prejuicios

Con quince años no faltan las bravuconadas. Y cuando se sugieren las relaciones gais entre hombres los chicos saltan a la defensiva. «¿Que pensas, que porque un rapaz sexa homosexual xa lle vas a gustar? ¿E se che di algo, non lle podes dicir que non e punto? ¿Non sabes dicir que non? ¿Se non vos gusta que vos controlen, por que exercedes vos ese control con outros rapaces?», explica la coordinadora del taller.

Los chicos callan, pero parece difícil que el mensaje de tolerancia dure más allá de media tarde. Al final queda claro que por muchas tecnologías que tengan a su alcance les falta mucho por saber de sexualidad, les cuesta hablar y todo lo reducen a la penetración. Pero al fin y al cabo son adolescentes, y ellos tienen tiempo para aprender.

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