El 32 % de las oficinas bancarias del área de Santiago cerraron en quince años

Cerca de seis mil vecinos de la zona no tienen ninguna sucursal en su municipio


Santiago / la voz

Los vecinos de Toques y de Santiso tienen sus cuentas bancarias en Melide o en Arzúa, y lo más probable es que los de Dodro, y también muchos de Rois, hayan domiciliado en Padrón o en Negreira las antiguas libretas bancarias que antes tenían en los bancos y cajas de ahorro de sus localidades de origen. Porque ni en Toques, ni en Santiso ni en Dodro hay bancos, y en Rois se pasó de cuatro a dos entidades en los últimos años.

El cierre de oficinas bancarias es una realidad que va a más y que tiene que ver con múltiples factores: el despoblamiento del rural, la banca electrónica, la desaparición de entidades financieras y la centralización de los servicios. Pero sobre todo, tiene que ver con la crisis que dio lugar a una reestructuración bancaria y al cierre de oficinas que no eran rentables. Hasta tal punto se aplicó la regla, que desde el 2013 hasta el 2017 cerraron 69 sucursales en el área de Santiago, que pasó de tener 217 oficinas hace quince años a 148 en la actualidad; es decir, un 32 % menos.

Por entidad y población, donde más se notó fue en Santiago, que pasó de 106 oficinas a 70 en ese período. Pero quienes más lo sufren son los que viven en zonas rurales y se ven obligados a trasladarse a otro núcleo de población para sus trámites bancarios. El caso de Rois es significativo, pero también llama la atención el de Trazo, que pasó de tener tres bancos a solo una sucursal; o el de Val do Dubra, que bajó de siete oficinas a tres; el de Santa Comba, de seis a cuatro; el de Ordes, de doce a ocho, o el de Ames, de quince a once.

Dodro, Santiso y Toques no tienen ningún banco, por lo que los seis mil vecinos que suman entre los tres municipios guardan sus ahorros en un ayuntamiento diferente al que figura en su DNI. Como explica Eva, del bar Lareira, en Santiso, «Yo tengo coche y no tengo problema, pero hay mucha gente mayor que no tiene medio de transporte y que, o bien se paga un taxi, o depende de que lo lleve algún vecino. Antes había autobús, pero ahora tienen que ir en el del instituto que sale a las ocho de la mañana, y no vuelven hasta que regresan los estudiantes. Para ir al banco o para cualquier otro trámite que tengan que hacer en Melide o en Arzúa». Y lo mismo en Toques, donde solo hay transporte público algunos días a la semana. Víctor, del bar Carburo, también tiene su dinero en Melide. «Aquí en Toques nin hai banco nin hai nada, para todo tes que coller o coche».

Movilizaciones, servicios móviles y uso de locales municipales

En el año más drástico de la reconversión bancaria, el 2013, los vecinos de Dodro se movilizaron por el cierre de la única sucursal que tenían, y los de Rois recogieron firmas en contra de la clausura de una oficina en Urdilde. Pero nada pudo zanjar, ni entonces ni ahora, un proceso inevitable e imparable.

Las entidades bancarias más apegadas al rural acordaron con los vecinos soluciones más o menos satisfactorias, como la apertura de las oficinas un par de días a la semana, el alquiler de algún local municipal para la atención de sus clientes o, incluso, las sucursales móviles que recorren las aldeas.

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