santiago / la voz

Hace falta viajar en el tiempo hasta 1557 y dejarse caer cada 11 de noviembre por la carballeira de Francos (Teo) para conocer la evolución de la feria equina que se celebra en la parroquia de Calo. Pero entre las personas que acostumbran a disfrutar de esta histórica feria equina desde hace al menos quince años no se recuerda una edición tan concurrida, tanto en número de visitantes como de caballos.

El beneplácito del calendario, que permitió celebrar la feria en sábado, unido al buen tiempo, sin las lluvias de otros años, favorecieron especialmente la afluencia a Calo. Desde primera hora de la mañana la N-550 se convirtió en puro atasco casi desde la salida de Milladoiro, y ya desde media tarde el tráfico en dirección a Santiago resultó especialmente intenso.

Las colas de coches tuvieron su paralelismo en la multitud de personas que ocuparon toda la carballeira, salvo las zonas reservadas en la parte alta del recinto para los animales y el amplio espacio de las pulperías, que trabajaron a destajo ya desde la noche del viernes.

Aunque el reclamo son los caballos y los puestos de pulpo y rosquillas, la incorporación de propuestas como representaciones de títeres, el mercado de artesanía y las catas comentadas en la carpa municipal de productos amparados por denominaciones de origen de quesos y vinos también aportaron visitantes.

En este mismo recinto se organizó una degustación, gratuita y comentada, de platos elaborados con productos de calidad (ternera, potro, miel y castañas), un taller de elaboración de pan y el sorteo de premios vinculados al programa PicoTeo.

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