Un equipo de voluntarios de todo el concello explica el éxito de un carrera escolar que ayer celebró 40 años en Visantoña con más de 3.000 personas
31 may 2026 . Actualizado a las 05:05 h.A primera hora de la mañana, ayer, en Visantoña, todo el mundo estaba en sus puestos. Como Susana Varela. Le tocó montar la exposición con fotos, equipaciones y trofeos que en la carballeira del campo de la fiesta de esa parroquia de Santiso invitaba a pasear por los cuarenta años de historia de la carrera escolar que este sábado duplicó en el lugar el padrón municipal, con 1.430 vecinos. «Supón unha volta á miña infancia, revivir a ilusión de cando os nosos pais e mestres empezaron con todo iso», señala Susana, de la asociación O Noso Lar, uno de los colectivos sociales que arriman el hombro en la organización de una prueba con 1.200 participantes. Público aparte. «Máis de medio milleiro deles son nenos, e iso tráenos moitísima xente, porque por un inscrito, veñen seis persoas», sostiene el edil Pablo Balboa, que, por la afluencia del año pasado, estima que ayer se congregaron en Visantoña más de 3.000 personas.
Cuando hace un lustro se recuperó la carrera escolar sumaban poco más de doscientos los inscritos. Hoy, es el popular «Cross de Santiso» y tiene su propio merchandising. Detrás del mostrador, entre un grupo de gente joven, Noelia Miguélez contaba: «Viñen porque sempre vai ben botar unha man». ¿Por qué nadie quiere perderse la carrera? En la implicación altruista como la de Noelia está la clave. Susana Varela tiene clarísimo que «funciona porque o voluntariado funciona. Todo o mundo sabe —explica— onde se ten que poñer, e quen aparece de novo, apúntase a facer algo». Es así como Fernando Camino, músico de la centenaria banda de Visantoña, está a los mandos del equipo de sonido, como Minia Varela y otras paisanas preparan viandas para el avituallamiento de lo corredores, o como Manuel Mato llega de comprobar que en el recorrido de la prueba, con el embalse de Portodemouros como decorado, está todo en orden.
Manuel, de la asociación deportiva Abeancos, forma parte de un reducido grupo de unos diez vecinos «que, ao longo do ano, tiramos do carro, pero non son consciente da xente que vén axudar. Servindo nas mesas, hai unhas oitenta persoas; son veciños que non saben nada de carreiras, pero veñen igualmente aquí e viven o cross», cuenta Pablo Balboa. El ambiente que imprimen y del que participan los paisanos es lo que, para la organización, da personalidad a la prueba deportiva, de carácter competitivo, pero sin premios en metálico. «Noutras carreiras non hai a festa, a calor que senten os corredores cando chegan á meta», defiende. Susana Varela tampoco alberga dudas: «É un evento moi familiar e de festa, no que hai moita xente que se reencontra, e no que os nenos son moi protagonistas», sostiene.
En la piña que forman los vecinos de Santiso para gloria de su cross también aporta su grano de arena Iván Mato, que, antes de ponerse por la tarde detrás de la barra a tirar cañas de cerveza —se vaciaron quince barriles—, se encargó de proveer el sustento con el que los corredores repusieron fuerzas después de la carrera. Pulpo, churrasco, empanadas, queso, ensalada de pasta, y callos —hasta treinta kilos— se sirvieron en tapas en el campo anexo al viejo centro escolar que, hace cuatro décadas, abrió sus puertas a la comunidad local para celebrar una jornada a la que, anima e invitan los vecinos, «hai que vir».