Santiso rescata Ribadulla del agua

Los vecinos evocan la aldea que sepultó Portodemouros y ahora es visible por la sequía


melide / la voz

En Cambre y en Carral, muy cerca de A Coruña, hay pequeñas «colonias» de vecinos con raíces en Santiso. Sendos municipios a las puertas de la capital de provincia les «dieron asilo» cuando, a finales de la década de 1960, la entonces hidroeléctrica Moncabril levantó el embalse de Portodemouros. «Déronlles terra para traballar e vivenda, pero a xente marcho desgustada, sen ter idea de marchar», cuenta Benedito García. Él pudo quedarse en su municipio natal. Vivía, y ahí sigue residiendo con 81 años, en Moreda, desde donde rememora aquellos años en los que la vecina aldea de Ribadulla quedó sepultada bajo el pantano que embalsa las aguas del río Ulla .

Él trabajo como albañil en la construcción de la actual iglesia de la parroquia, que lleva por nombre el mismo que el desaparecido lugar. Le pagaban 400 pesetas al día. Con la edificación para el culto religioso, la empresa repuso el templo que, con el embalse, quedó reducido a escombros. Como todas las casas de la aldea. Desde hace unas semanas, los restos de Ribadulla están al alcance de la vista. El bajo caudal que lleva el pantano de Portodemouros dejó al descubierto las ruinas del que, hace cincuenta años, fue uno de los lugares más poblados y con mejores tierras para el cultivo de Santiso. Hasta tenía taberna. La Moderna, se llamaba.

«Era a aldea máis rica da parroquia; o mellor porral que se vendía en Melide era de Ribadulla», cuenta Celsa Campos, la mujer de Benedito, quien recuerda los viajes que hacían en la primera barca que dio servicio de transporte en el embalse para cruzar hasta Agra, en Agolada. «Ela quería ir ver aos seus pais», comenta el hombre. A diferencia de lo que estos días es reclamo turístico en ese concello pontevedrés -con aldeas engullidas por el embalse en las que, como en Marquesado, todavía se conserva la estructura de las edificaciones-, de Ribadulla apenas queda nada. El fácil acceso que tenía la extinta aldea permitió sacar provecho de las edificaciones. «Os veciños quitaron a pedra e aproveitárona para construír valos e para facer outras casas», cuenta Luis, el hijo de Benedito y de Celsa. La reutilizaron toda, menos la de la iglesia. Esa «vendeuna o cura, como os retablos, e non se sabe nin por canto, nin para onde foron», reprocha su progenitor.

De la mano de Luis, que sigue igual de dispuesto que cuando era edil en su Santiso natal, un paseo por Portodemouros invita a comprobar todo cuanto cuentan él y sus padres. El recorrido por lo que fue Ribadulla impresiona al imaginar toda esa extensión de terreno cubierta de agua hasta más allá del cuello. El recuerdo en la memoria de los paisanos es casi lo único que se conserva de la aldea. En pie, la estructura de un panteón y poco más. Pero el traslado de los restos mortales del camposanto merece un capítulo aparte. «Dábanlles augardente para que fixeran contentos o traballo». cuentan.

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