Celia Campos asume el relevo en el negocio que inició su abuelo materno y continuaron sus padres
SANTIAGO CIUDAD
Su madre, Olga García, estaba en la Praza de Abastos y su padre, José, llevaba el camión ambulante, que ahora pasa a su tío
02 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Uno de los quebraderos de cabeza de los trabajadores autónomos, además de los compromisos con el fisco cada tres meses, es qué pasará con el negocio cuando llegue el momento de la más que merecida jubilación. En el caso de Olga García, de la charcutería familiar que lleva su nombre en la Praza de Abastos, la respuesta a esa pregunta llegó mucho antes de que se planteara decir adiós a su vida laboral. Su hija, Celia Campos García, siempre estuvo cerca del negocio, y recuerda que esperaba en la casilla del mercado a la hora de entrada al colegio. «Al ser hija única, echaba una mano. Me gustaba», apunta Celia. Aún así, estudió la carrera de Biología, en la especialidad de Marina. «Siempre quise que siguiera el camino que la hiciera feliz», señala su madre. El giro llegó cuando iba a nacer su primera hija: «Justo me llegó una oferta para trabajar relacionado con la biología marina, pero me lo pensé. En ese momento, decidí que el negocio familiar era la mejor opción para organizar el cuidado de mi hija. Yo estaba en la charcutería de Sar, por las tarde; y mi madre, en el mercado de mañana. Así nos turnábamos para estar con la niña». Corría el año 2014, y entonces la charcutería Olga y Campos tenía dos negocios físicos: uno en la plaza y otro, en Sar; y un camión de venta ambulante del que se ocupó José Campos, padre de Celia, hasta su jubilación. Ahora, con Olga jubilada, Celia asume en solitario el relevo de su madre en el mercado compostelano, y el negocio de Sar pasa a ser un almacén sin venta directa. El relevo en el camión lo asume Jorge Campos, hermano del padre de Celia. Curiosamente, el relevo generacional es una tradición en esta familia. Celia es la tercera línea del negocio familiar. Una empresa que comenzó su abuelo materno, José García, al que conocían como Xanmel, y que era natural de Lugo. Este hombre recorría media Galicia al volante de su camión para vender jamones y otras viandas por las ferias y mercados. «Pasaba fuera de casa 15 días, y tenía en el camión una cama para dormir», apostilla Olga. En 1980, entró en el negocio José Campos, que recorría las ferias de las Rías Baixas, además de otras, como las de Padrón, A Estrada y Compostela. En aquella época, la venta en el mercado «era con el camión, que lo ponía en la cuesta». Con el fin de que José pudiera ir a casa todos los días, Olga y Celia se trasladaron a vivir a Santiago, y fue cuando se abrió la tienda física en el mercado. Ahora Olga está tranquila: «Celia conoce el negocio desde niña, y lleva tiempo trabajando. Queda en buenas manos». Quién sabe si alguno de los tres hijos de Celia estará llamado a seguir la tradición familiar y, dentro de unos años, pase a ser la cuarta generación al frente de este negocio familiar.alió la pena.