La deriva turística de Santiago ha alcanzado desde el otoño pasado un calado tan preocupante que se hace difícil pensar que la próxima bonanza estival pueda iniciar un cambio de tendencia para enderezar el rumbo de cara al futuro, incluso que el Xacobeo 2027, esperado como agua de mayo por el sector, sea el punto de inflexión que la ciudad necesita para consolidar el crecimiento y resituar a la capital en el liderazgo que nunca debió perder como verdadero motor turístico de Galicia. El casco histórico y la Catedral deben ser más que una imagen para proyectar a toda nuestra comunidad en el mundo, deben ser el valor seguro a partir del que consolidar la fortaleza turística de Santiago resolviendo problemas estructurales que vienen de muy lejos y que la ciudad no ha sabido superar, como la bajísima estancia de quienes nos visitan, una media de 1,68 días en el primer cuatrimestre de este año, menos aún que los 1,76 del mismo período del 2025 y la más baja entre los principales destinos turísticos urbanos de todo el norte de España. Ojalá se hagan realidad, por difícil que parezca, las expectativas transmitidas por el director del aeropuerto de Lavacolla, quien manifestó, en la víspera de la reapertura tras las obras de puesta al día del campo de vuelos, que las nuevas rutas —es verdad que la de Nueva York es todo un logro que tendrá que consolidarse— pueden ser el esperado punto de inflexión tras la caída en picado del movimiento de pasajeros de la terminal este año, más del 30 %. Las aerolíneas decidirán operar aquí si les resulta más ventajoso que en otros lugares, no por disponer de las mejores instalaciones, sino por la fortaleza de la demanda, por los costes operativos o por el alcance de las subvenciones públicas que reciben. Ahí está el caso de Ryanair, que ha reducido al mínimo su presencia en Lavacolla argumentando su mantra de la carestía de las tasas de Aena. El desplante de la compañía low cost irlandesa es la causa principal de la pérdida de viajeros de Lavacolla y, probablemente, del actual retroceso del turismo en Santiago, junto a la debilidad de la actividad congresual. Por eso es más que comprensible el pragmático SOS que le han presentado los hoteleros compostelanos para que reconsidere su marcha.