Ella se enamoró de la capital gallega y dedica ahora su vida a darla a conocer: «Santiago es mi Ítaca»
SANTIAGO CIUDAD
Emma Gutiérrez-Castro llegó por casualidad a Compostela y hoy, como guía, muestra sus encantos y secretos a turistas y a los propios vecinos
22 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.De raíces monfortinas, Emma-Gutiérrez Castro llegó a la capital gallega en su etapa universitaria y no volvió a dejarla más. «Me vine a Santiago para estudiar la carrera de Filología Clásica. Me enamoré de esta ciudad desde el minuto uno y sentí que era mi lugar en el mundo. Viví un tiempo en Praga, pero al segundo año me entró una morriña loca y, aunque me gusta mucho viajar y conocer mundo, siempre quiero volver aquí. Santiago es mi Ítaca», dice una mujer que, además, dedica su vida a dar a conocer a propios y extraños los encantos de su patria adoptiva, en la que ha construido su hogar y su refugio. Esta guía oficial cuenta que acabó en este oficio «un poco de casualidad», con 25 años. «Estaba un poco perdida y me surgió la oportunidad de trabajar de guía. La verdad es que me gustó mucho, aunque es un empleo que no me había ni planteado», reconoce Emma, quien también se doctoró en Antropología y empezó Filología Inglesa (le quedan unas pocas asignaturas para acabar).
De espíritu curioso, afirma que nunca se cansa de descubrir historias sobre la ciudad que habita: «Santiago da para mucho y sigues aprendiendo cosas cada día. Cuanto más vieja soy, más me doy cuenta de mi ignorancia y, una ciudad con más de mil años, te ofrece lo que tú no te puedes ni imaginar. Me parece un tesoro sin fin. Cada vez que excavan aparecen cosas nuevas y estas rodeada de historias humanas y de un patrimonio valiosísimo, que muchas veces viviendo aquí no llegamos a apreciar los suficiente», indica la vecina de Pontepedriña.
«Me encanta mi trabajo, pero es muy intenso, y acabas cogiéndole un poco de tirria a ciertos sitios muy turistificados. Sin embargo, cruzas el río y estás como Rosalía a orillas del Sar», comenta entre risas, quien trabaja por cuenta propia a nivel autonómico, pero forma parte del equipo de profesionales con los que cuenta habitualmente Trivium, empresa de gestión cultural y turística que ha llevado a cabo varios proyectos del Concello de Santiago. Hoy mismo inaugurará Emma las seis rutas gratuitas que realizará en el marco de una nueva edición del programa Patrimonio C de aquí a junio (habrá otras los días 6 y 20 de mayo, y el 3, 10 y 17 de junio. Todas son a las 19.30 horas y requieren inscripción previa a través de la web de Compostela Cultura). En ellas ofrecerá una mirada distinta sobre la ciudad para redescubrirla a través de las parejas y las relaciones personas que forman parte de su historia.
«En Parellas de Compostela hay un poco de todo: historias de amor, de odio, de amistad... Desde la que une a Ánxel Casal y Camilo Díaz Baliño, hasta las Dos Marías, la de Rosalía de Castro y Federico García-Lorca o las hermanas Fernández de la Vega. Para mí es muy especial hacer estas rutas en gallego, pensadas para la ciudadanía, y me parece muy bonito que los vecinos puedan acceder a su patrimonio y no sentirse expulsados de su propia ciudad. Además, hablamos de algunas personas que muchos conocieron, tienen recuerdos o anécdotas. Poner en valor esas historias humanas de Santiago para que no se pierda la memoria colectiva es fundamental. No podemos descuidar nuestro patrimonio inmaterial», defiende la guía.
Ella, que trabaja también en inglés e italiano, además de trabajar con traductores para personas de otras muchas procedencias, afirma que en general todos los visitantes buscan lo mismo: «La gente normalmente, en un 95 %, viene a pasárselo bien y creo que, si te gusta tu trabajo y transmites con emoción, acabas conectando con ella independientemente de dónde sean. Santiago se vende sola, pero tú tienes que ponerla en valor. De hecho, hubo un proyecto de audioguías sobre la ciudad que no funcionó porque faltaba ese componente emocional. El humor gallego y el inglés, por ejemplo, son muy parecidos y conecto genial con ellos. Distinto es con rusos, japoneses o otras personas que vienen a las rutas con un traductor, porque depende mucho de la interpretación que haga ese intermediario. Con todo, para mí el gran reto es conectar con la gente de la ciudad. Aquí tienes que ponerte las pilas. Hay personas que saben mucho, incluso más que tú, u otras que vivieron la época de la que estás hablando y no es lo mismo leer sobre ella que vivirla, pero al mismo tiempo es algo que te enriquece».
Para documentarse, Emma explica que, aunque es usuaria habitual de la biblioteca Ánxel Casal, «sigo siendo de Fonseca, que alberga un fondo increíble». Sobre su avidez lectora, menciona a Umberto Eco, quien «dijo que era de buen gusto tener libros que no lees, y yo soy de esa escuela», comenta entre risas, al tiempo que lamenta que en una época en la que hay tanta información al alcance de todos no se aproveche. «Es elegir la ignorancia. Estamos haciendo apología de ser burros», defiende una persona de discurso liviano y facilidad de palabra que se considera una optimista.
Las «fake stories»
Por otra parte, indica Emma, abundan las fake stories y se instalan en la memoria colectiva: «Uno de los problemas para los guías es que queremos conectar y que la gente se lo pase bien, por lo que tenemos una tendencia a fantasear y, a veces, se cuentan historietas que son divertidas pero son mentira. Creo que parte de nuestro trabajo es comprobar la veracidad y ahora hay un peligro añadido con la IA, porque no todo lo que te dice es cierto y hay que chequear bien los datos. Yo discutí con la IA cuando preparaba el recorrido sobre Camilo Díaz Baliño, que fue pasado el 14 de agosto del 36, y me decía que vivió hasta los 70 años en Argentina. ¡Imagínate si sueltas eso y hay parientes de él! Puede ser hasta ofensivo. Y lo mismo pasa con la Wikipedia, que muchos toman como palabra de Dios, y es algo que puedo escribir hasta yo. Nos estamos desacostumbrando a mirar los libros, a ir a fuentes veraces, y escuchas todo tipo de barbaridades, como que en la oficina de turismo de Santiago vivió María Pita o que debajo de las escaleras de la Quintana hay un túnel que conectaba la Catedral con el convento y había orgías entre los curas y las monjas, hasta un cementerio de bebés. Yo estuve ahí abajo y, para empezar, no los conecta. Lo que hay es el inicio de la cabecera gótica que se iba a poner en la Catedral, pero se acabó el dinero y no se llegó a terminar. En los años 60 se musealizó ese trabajo en el espacio que hay debajo de las escaleras de A Quintana, que ni siquiera llega al convento. Yo soy la primera que intenta ser amena y aprovechar las anécdotas, pero hay que hacerlo con cuidado, y no se puede sacrificar la verdad en aras del divertimento».
Por último, hace Emma un llamamiento a los compostelanos, de quienes destaca su mente abierta, por vivir en una ciudad cosmopolita, a la que que llegan personas de todas partes del mundo a través del Camino, contribuyendo a la diversidad cultural: «Es importante que la gente siga teniendo cariño a su ciudad, que esté orgullosa de ella y de su patrimonio. Realmente, en la zona monumental están realmente ocupadas dos o tres calles y, entre todos, tenemos que darle vida. Tenemos un casco histórico enorme, maravilloso y muy bien conservado».