El restaurante de Santiago donde es imperativo dejar sitio para el postre y su torrija XL nunca falla
SANTIAGO CIUDAD
Luis Villaverde cogió en el 2025 las riendas del Quitapenas, cuya carta ya advierte en la primera línea de la contundencia de sus postres para que los comensales lo tengan en cuenta a la hora de pedir la comida
01 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En el Quitapenas la torrija es un postre que se come todo el año, no solo en Semana Santa, y se ha convertido en uno de los grandes reclamos de este restaurante santiagués, gestionado desde abril del 2025 por el compostelano Luis Villaverde Gude, de 34 años. Aunque él dice ser «del equipo coulant», reconoce el enorme tirón de su versión modernizada de la torrija, una tamaño XL, hecha con pan brioche, nata, leche, azúcar, ron y un toque especiado de haba tonka. Todo ello, acompañado por un helado de vainilla. Solo el brioche ya pesa entre 270 y 300 gramos, por lo que los más jóvenes de la casa ya la consideran en su jerga juvenil como boccato di bros, la Brozilla de las torrijas. Un plato que, ocasionalmente, forma parte del menú del día (como en las dos jornadas laborables de esta Semana Santa).
«Hoy está de moda poner todos los platos que son un poco diferentes en un formato comedido. Aquí no: barco ghrande, ande ou non ande», defiende el cocinero y responsable del Quitapenas, quien lleva ofreciendo este postre desde el verano pasado y reconoce que «intenté quitarlo, porque me gusta cambiar, pero después de las croquetas es lo más vendido de la carta y ya vive en ella de forma perpetua».
En la primera línea del documento que muestra la relación de platos que sirve el establecimiento de la rúa de Sar ya figura un aviso a navegantes: «Deixa espazo para o postre». «Desde que puse eso en la carta se vende incluso más y es un éxito igualmente el culant de chocolate, con un tamaño también considerable, otros 250 gramos de postre, lo que equivaldría a más de un vaso de agua lleno hasta arriba. Yo recomiendo siempre compartir. El postre para una persona, es solo para valientes», indica Luis.
Él estudió en el Centro Superior de Hostelería de Galicia (CSHG) e hizo prácticas en las cocinas de los algunos de los restaurantes más reconocidos: desde Casa Marcelo o A Estación de Cambre hasta Atrio y El Celler de Can Roca. Después de trabajar durante muchos años para terceros, decidió emprender por cuenta propia en su ciudad. «Dar el paso es difícil. Pero, hace un año y pico, por mis circunstancias personales, empecé a mirar locales en alquiler y vi el Quitapenas», relata Luis, quien no cambió el nombre del negocio porque lo convencieron de ello su familia y caseros. Lo que sí varió, y mucho, fue la propuesta gastronómica. «Este restaurante fue cambiando de manos. Primero, estaba especializado en mariscos y pescados. Luego, en chuletón y carnes. Más tarde, churrasco. Yo le di un giro bastante radical con platos un poco distintos, pero sin pasarnos de moderneces», indica el chef compostelano.
Entre las recomendaciones de la casa, están su ensalada de tomates pasificados o su naam (empanadilla india) de queso con chicharrones. Así ha conseguido conquistar a la clientela, una entre la que abundan los médicos, profesores y funcionarios de la ciudad (en verano, cuando hay una mayor afluencia turística en la capital gallega, los foráneos apenas suponen el 60 % de los comensales). «La gente está bastante contenta con el cambio, aunque aún hay alguno que viene y pide un chuletón, pero es algo que ya no hacemos aquí», añade entre risas el chef. Además, incorporó opciones veganas a la carta, como falafel de verduras asadas o japchae coreano, «y, si nos avisan con antelación, podemos hacerles una versión de postre rico para ellos, una manzana asada... grande, claro». Además, el suyo es un local pet friendly, destaca Luis.