Cuando estamos a poco más de un año de ser convocados de nuevo a las urnas municipales, no cabe esperar cosas demasiado buenas del actual mandato en el Concello de Santiago. ¿Si no las ha habido hasta ahora, con tantas urgencias como las que venían arrastradas de años atrás, cómo van a producirse cuando todo está ya condicionado por las expectativas electorales? No, no va a salir adelante ninguno de los grandes contratos de servicios municipales que permitirán —se supone— que usted, sufrido conciudadano, pueda disfrutar del abastecimiento de agua al nivel de una red moderna que no reviente cada dos por tres a causa de la decrepitud de las tuberías y los aumentos de presión; no va a poder estrenar ni el primero de los autobuses urbanos que arrancarán cuando se adjudique y entre en vigor la nueva concesión del transporte público, porque difícilmente habrá tiempo para ello, pese a que el Tribunal Administrativo de Contratación Pública de Galicia (Tacgal) acaba de levantar la suspensión cautelar derivada de los cinco recursos presentados en diciembre por empresas contra el pliego de condiciones del concurso, tras rechazarlos; y ya veremos qué pasa con esa posible adjudicación de alto riesgo, en caso de que llegue a producirse, con el único licitante que ha quedado para encargarse de la gestión de los centros socioculturales, un servicio de tantísima necesidad para muchos ciudadanos de todas las edades y familias, para conciliar, disfrutar activamente del tiempo de ocio o simplemente relacionarse con otras personas en sus vidas cotidianas. Conclusión: malos augurios después de tanto tiempo perdido. ¿Y se pretende que ahora lleguen las soluciones demoradas por una injustificable falta de gestión? Pues no va a ocurrir. En el último pleno municipal, en el que volvió a abordarse la concesión del agua, quedó de manifiesto con total transparencia. Como era de esperar, solo se llegó a un punto de bloqueo con duro intercambio de reproches entre la alcaldesa Goretti Sanmartín y el jefe de la oposición, Borja Verea. Mientras tanto, solo avanzan las acciones inútiles, estériles, de sesgo ideológico, frente a una sociedad compostelana que parece tragar con todo pero que, a buen seguro, toma nota del intento de tomadura de pelo. Más claro, agua.