La niña que no podía subir un kilo y levantó un título nacional por su cuerpo musculado con 44 años

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

Judith Ruiz vive desde el 2021 en Santiago y, con tenacidad, logró un sueño frustrado

03 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Una vecina de Santiago, Judith Carolina Ruiz Briceña, se convirtió el mes pasado en la campeona de España de fisioculturismo. La suya es una historia de tenacidad, una carrera de fondo que comenzó hace unos 25 años, cuenta esta venezolana (de Maracaibo) que el día 11 cumplirá los 45: «De pequeña yo no hacía deporte, solo lo que nos obligaban en el colegio, aunque sí veía a mi padre jugar al frontón y coger cada día una mochila para salir a caminar, para cuidar el corazón y su colesterol. Yo empecé en el gimnasio porque era muy flaca. Medía 1,64 y pesaba 45 kilos. Y, aunque comiera sin control, no subía un kilo. Todas mis amigas se mataban a dietas para adelgazar, y yo al revés. Empecé a ver muy pronto los resultados con la hipertrofia muscular y decidí seguir por este camino. Más que un hábito, se volvió terapia, una herramienta para desconectar mentalmente».

Recuerda Judith que «siempre decía que, cuando tuviese 40 años, quería competir en bikini, aunque no conocía el trasfondo que hay detrás de todo esto... Solo veía unas chicas con cuerpazos esculturales». Este sueño se vio frustrado por dos miomas en el útero de 5 y 8 kilos, relata: «Se me pronunciaban hacia fuera y, con la vejiga llena, parecía que tenía un bebé, por mucho que trabajase para definir esa zona». Se operó de ellos en el 2021, el mismo año en que se afincó con su familia en Compostela, tras pasar primero por A Coruña (su primer destino como emigrada).

Ya había dado por perdido ese reto de presumir de físico en una competición, pero se cruzó en su vida Arturo Castañeda (alias Mata Gigantes, leyenda del culturismo español y bicampeón del mundo). «Él es uno de los mejores preparadores, gallego y gran amigo de mi esposo, David, que me comentó que quería hacer dieta y trabajar con él. Le dije: A mí también me gustaría y, ya que voy a ser yo la que cocine, con más razón. David también entrena como hobby y fue quien le dijo a Arturo que me animase a competir», indica. Le bastaron cuatro palabras («hay que espabilar, Judith»), y ella se volcó en el objetivo.

«Comencé a preparare en mayo del 2024 y en octubre ya tenía una forma física bastante avanzada». En ese momento ganó el campeonato gallego de la International Bodybuilding and Fitness Federation (IBFF). «Fue un chute de motivación», dice. Este año venció en el autonómico de la Asociación Española de Fisicoculturismo y Fitness (AEFF), y en octubre, se alzaba en Málaga con el título nacional entre las mujeres mayores de 40 años en esta misma competición. «Lo celebré comiendo una pizza, porque para mí lo más duro sigue siendo la dieta», admite esta instructora de fitness y mamá de un niño de 9 años (Simón), quien ha visto de cerca un buen ejemplo de que el esfuerzo tiene su recompensa.

Judith Ruiz ganó el mes pasado el título de campeona de España de la Asociación Española de Fisicoculturismo y Fitness (AEFF) de Málaga.
Judith Ruiz ganó el mes pasado el título de campeona de España de la Asociación Española de Fisicoculturismo y Fitness (AEFF) de Málaga. ALONSO ESPARTERO

Amite Judith que ella nunca termina de verse del todo bien. Sagitario «de pura cepa», subraya, es de carácter persistente, un poco terca, organizada y excesivamente perfeccionista. Es algo en lo que ha tenido que trabajar en terapia, donde «me enseñaron a soltar y no amargarme el día por las cosas que dejaba pendientes... por ejemplo, yo era de las que no podía salir de casa sin hacer antes la cama». 

Asegura que, para ella, esta victoria nacional ha tenido un sabor agridulce: «Por una parte saboreas el logro, uno que te ha costado mucho esfuerzo conseguir. No solo tienes que entrenar, también tienes que estudiar y practicar las poses con tacones de 12 centímetros, como si fuera una pasarela. Pasas muchos meses preparándote físicamente y psicológicamente, entre otras tareas añadidas. El año pasado me maquillaron para competir porque yo no sabía cómo hacerlo. Esta vez me propuse hacerlo yo, por lo que tuve que aprender a pegar las pestañas y hacer el delineado bien. A base de repetirlo una y otra vez, una se hace experta. Comencé en junio a practicar. Es como el día de la boda. Tiene que salir perfecto, impoluto, y formaba ya parte de mi rutina ponerme las pestañas y delinear el ojo. Ahora, que no tengo todas estas ocupaciones diarias, es una descarga mental, pero a la vez tu vida vuelve a una normalidad en la que no tienes que ser tan estricta, pero te queda una especie de vacío emocional».

Para ella, la parte más difícil cuando se prepara de cara a una competición son las restricciones alimentarias, porque «vives con gente, tienes una familia, sales con tus amigos y, cuando dices que no puedes comer ciertas cosas hay personas que lo entienden y otras que no, que te critican, e incluso ofrecen comida sabiendo que no puedes tomarla. Cuando estás tan involucrado y el contexto social está en contra es complicado, pero no puedes meterte en una burbuja, aislarte y no hablar con nadie. No podemos convertirnos en seres antisociales». 

En general, afirma que su cuerpo levanta admiración: «Cuando la gente me ve el cuerpo en el gimnasio, quiere que yo la entrene. Yo no busco que me entrene una chica de 20 años, porque a esa edad todos podemos lucir un cuerpazo, tenemos las hormonas a tope y no necesitamos las mismas rutinas que con 40, donde el cuerpo es totalmente diferente y ya no puedes hacer lo mismo que hacías antes para estar bien». En su momento más álgido de definición, Judith puede pesar 50 kilos. «No tengo un cuerpo que, por la calle, vestida, llame mucho la atención. En la playa es distinto. Eres una entre cincuenta y las miradas van hacia mí, aunque es algo que me tomo como un trofeo, no me afecta de forma negativa. Me han llegado a parar en el supermercado para decirme qué bonitos tengo los hombros y preguntarme qué hago para que estén así». 

También convive con prejuicios, aunque «nunca me afectaron», asevera. «Te dicen que no entrenes mucho, porque vas a ponerte como un hombre, o que las mujeres musculadas no me gustan, por ejemplo». Uno de los comentarios más habituales sobre su cuerpo, especialmente en las redes sociales, en las que la crueldad se vende al por mayor, es «grotesco». «Conozco a gente que le han caído insultos de todo tipo y se han sentado a leerlos, llorando. Lo mejor, para mí, es no dedicarles ni un segundo de tu vida», considera.

¿Y cómo es un día a pleno rendimiento para ella? «Hago un par de horas, a lo sumo, de pesas cinco días a la semana. Y otra hora y media de cardio, todos los días, te guste o no: 40 minutos a las seis de la mañana, por ejemplo, y otros tantos por la tarde», contesta. Entre sus objetivos está presentarse a un par de nacionales, o quizás un internacional, aunque por ahora no tiene ninguna una fecha a la vista. «A finales de diciembre tengo una cirugía y eso me va a limitar bastante el tiempo de entrenamiento. Me voy a dar un mes de descanso fijo, y luego empezaré a entrenar el tren inferior. La idea era comenzar el 1 de enero. Fuera turrón y fuera panettone, pero los planes han cambiado, y es una cuestión también de salud», argumenta una mujer razonable, que no se juega el todo por el todo por tener un cuerpo 10 y no lo quiere perseguir a cualquier precio.