El pan debajo del brazo que traerá el compostelano 100.000

J. C. / R. M. / E. A. SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

XOAN A. SOLER

El aumento de ingresos por el impulso demográfico compensará en parte una población flotante de entre 20.000 y 30.000 personas sin contar los turistas

23 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Mucho tendrían que desviarse los cálculos del Instituto Nacional de Estadística (INE) para que en el 2026 Santiago de Compostela no consiga por primera vez en su historia y de manera oficial alcanzar los 100.000 vecinos censados y de derecho. Si hablamos de residentes de hecho se asume que es un umbral superado hace años, incluso décadas, pero la cifra redonda se resistía hasta que el año pasado, a 1 de enero, quedó fijada en 99.536 habitantes. Esta vez parece que no se escapará el hito, porque a solo seis semanas de finalizar el 2025 el recuento era de 102.811 compostelanos, una cifra dinámica que se mueve a diario por los nacimientos, las defunciones y los traslados de personas que vienen y van. En ese intercambio incesante parece claro que, salvo una situación anómala y excepcional, el límite quedará superado y Santiago tendrá la oportunidad de acercarse a la tercera ciudad gallega por población, Ourense, que el año pasado se quedó en 104.891 habitantes. A expensas, eso sí, del estirón del censo en Lugo, donde también cuentan con superar los 100.000 vecinos.

A efectos de ingresos el impacto de la cifra redonda es más simbólica que otra cosa, porque Santiago, como capital autonómica con más de 75.000 habitantes, ya tiene un estatus superior al de ciudades que se mueven en su rango demográfico como pueden ser Baracaldo, Rivas-Vaciamadrid, Sant Cugat del Vallès, Las Rozas o Lorca, todas ellas entre los puestos 63 y 70, en los que se ha movido Compostela en los últimos años. Pero ninguna es capital de provincia o de comunidad, un concepto este último por el que la Xunta aporta tres millones de euros, aunque el Concello sostiene que la cifra que cubriría los gastos de la capitalidad rondaría los 8 millones.

Más población encubierta

Todo lo que venga a mayores al margen de lo que generan los impuestos locales que aportan los nuevos vecinos será bienvenido para paliar un lastre que pocas ciudades de España sufren al nivel de Santiago, y es que la urbe sostiene desde hace décadas una población flotante que se mueve entre las 20.000 y 30.000 personas que viven establemente o durante meses en Compostela pero que no están censadas, bien sea porque solo pasan en la ciudad los días laborables o porque son estudiantes y se ajustan al calendario del curso universitario. Se trata de hasta un 30 % más de residentes a los que habría que sumar el turismo y el efecto metropolitano que atrae a miles de personas a diario por cuestiones académicas, de trabajo o por la búsqueda de servicios privados, administrativos y vinculados al ocio, la movilidad o la sanidad, ya que los hospitales son la referencia para más de 400.000 gallegos.

Coches, basura y agua

La alta cifra de movimientos de vehículos en los accesos que suma Santiago cada día da pistas del desajuste entre el censo y la realidad dinámica de la ciudad, pero los cálculos siempre serán gruesos porque no se contabilizan las personas que viajan en cada coche o autobús, o si solo están de paso. Los que sí pueden cuantificar la verdadera dimensión demográfica con un criterio más atinado son las empresas de servicios. Urbaser, la firma responsable de la limpieza y la recogida de residuos domésticos, maneja desde hace años una horquilla que se mueve entre las 120.000 y 130.000 personas, «dependiendo del año», confirma Nemesio López, delegado de la compañía en Compostela. Son datos «aproximados» pero que revelan comportamientos y movimientos de la población. Así, la media mensual ronda las 3.300 toneladas de residuos, una cifra que se queda corta en diciembre y que solo baja un 10 % en agosto, el mes vacacional por excelencia, porque se ve compensada parcialmente por la presencia de más turistas y visitantes.

En la gestión del agua también hay indicios evidentes de una población flotante muy nutrida. Santiago consume unos 11 millones de metros cúbicos cada año, y Viaqua, la concesionaria, trabaja con un horizonte de usuarios que rondan los 120.000 vecinos, teniendo en cuenta que unas 4.000 personas viven en zonas rurales que están fuera de la red general.

Desde Sudamérica

¿Y de dónde salen los nuevos vecinos? De la planta de maternidad del Hospital Clínico solo unos pocos, porque los nacimientos siguen batiendo récords de mínimos pese al engañoso dato del 2024, en el que se superaron los 2.000 partos tras nueve años de caídas y tras el cierre de la maternidad de La Rosaleda.

Desde el Concello explican que el crecimiento demográfico está directamente relacionado con la implantación de personas que llegan desde otros municipios españoles o desde el extranjero, la mayoría desde Sudamérica. Y de lo que no cabe duda es de que el crecimiento no es puntual, sino sostenido desde la pandemia: un 0,010 % en el 2021; un 0,3 % en el 2022; un 0,5 % en el 2023; y un 0,8 % el año pasado.

PP y BNG ganarían sendos concejales con los votos obtenidos en el 2023

Superar la barrera de los cien mil habitantes también tiene consecuencias en el pleno de la corporación, ya que los compostelanos pasarán a escoger 27 concejales en vez de 25 cuando toquen las próximas municipales, en el 2027. La ley electoral fija una progresión representativa desde los 5 ediles (en pueblos de menos de 250 vecinos) a los 25 (hasta los 100.000), y a partir de esa barrera se suma un concejal más por cada 100.000 habitantes. Serían 26 en el caso de la capital, pero se le añade uno extra para evitar que sean pares y facilitar las mayorías. Por esta norma, Compostela se mete en el club de los 27 ediles en el que ya estaban Vigo, A Coruña y Ourense, y al que probablemente también se incorpore Lugo. Aunque si Vigo confirma que supera los 300.000 vecinos, algo muy probable según ha adelantado su alcalde, saltaría a los 29 ediles.

Salvo extrañas circunstancias, Santiago iría a los próximos comicios con 3.000 vecinos más en el padrón, del que habría que restar del censo electoral los menores de 18 años y las excepciones que fija la ley electoral. Adelantarse a los acontecimientos y al deseo de los compostelanos es más que aventurado —ningún alcalde ha conseguido repetir en las cinco últimas citas— pero los partidos que concurran deberán tener en cuenta que los cálculos cambian al aplicar el sistema D'Hont de atribución de escaños. Atendiendo a las opciones elegidas por los vecinos hace dos años y medio, los dos nuevos concejales se los repartirían las dos formaciones más votadas. El PP pasaría de 11 ediles de 25 a 12 de 27, por lo que seguiría a dos de la mayoría absoluta. El BNG sí se vería beneficiado, porque Goretti Sanmartín logró ser alcaldesa al contabilizar 900 votos más que el PSOE con casi dos puntos porcentuales de ventaja, pero quedaron empatados a ediles, con seis. Con una corporación de 27, y contabilizando las mismas papeletas que en el 2023, los nacionalistas tendrían un escaño más, siete. Con todo, y tal como discurrió el mandato con la ruptura del grupo municipal socialista, la gobernabilidad sería igualmente comprometida.

Por otra parte, el Concello tendrá que pensar en alguna modificación en el salón de plenos del pazo de Raxoi, porque en la actualidad cuenta con 23 puestos en las bancadas y tres más en la mesa que preside la alcaldesa. Faltaría una plaza.

EN LA COMARCA

Teo aspira a los 20.000 vecinos y Ames está cerca de los 35.000

Que el censo de Santiago no recoge la realidad demográfica de la ciudad es tan indudable como que esto tampoco ocurre con los concellos limítrofes que forman la corona compostelana, en la que habitan no pocas personas en cuya tarjeta censal consta Santiago y un innumerable listado de municipios no solo de España.

En cualquier caso, son los municipios de Ames, Teo, Brión y Oroso los que tiran desde hace años del censo en el área de Compostela debido al menor precio de la vivienda. De ellos, Teo, con un padrón oficial de 19.045 habitantes, es el que tiene todas las papeletas para ser el primero en subir de categoría administrativa, lo que implicaría tener los 21 ediles que, desde el 2007, ya tiene Ames, concello que con un censo actual de 32.812 personas solamente puede ascender de rango si supera los 50.000 habitantes, una cifra impensable incluso a medio plazo. Eso sí, Teo recibiría más fondos pero, por ejemplo, estaría obligado a tener parque de bomberos.

Brión y Oroso, con censos similares, de 8.197 y 7.757 habitantes, respectivamente, juegan también en la liga de ascenso de demográfico, pero también a medio o largo plazo.

Un hito para la capital

Por Alberto Vaquero

Tras algunos años de estancamiento demográfico parece que Santiago de Compostela, la capital de nuestra comunidad autónoma va a alcanzar la cifra mágica de los 100.000 habitantes censados. Vaya por delante mis felicitaciones por alcanzar este hito.

Con todo, si somos realistas, Santiago de Compostela ya cumple desde hace años con este número, aunque oficialmente no se sume esa cantidad de habitantes. Esto es así porque muchos de los habitantes de la capital —especialmente, estudiantes, trabajadores temporales e incluso personas que siguen censadas en su lugar de origen— al no estar censados, no cuentan para obtener la cifra de población oficialmente residente. A medida que aumenta la población aparecen repercusiones económicas muy claras. Desde esta óptica se puede señalar la necesidad de contar con más presupuesto para la prestación de servicios, pero al mismo tiempo es de esperar que aumente la financiación. Detengamos sobre este tema que es algo muy importante.

En primer lugar, es de esperar un aumento de los recursos municipales por la vía directa, especialmente a través del impuesto de bienes inmuebles, el impuesto sobre vehículos de tracción mecánica y por tasas y precios públicos.

Por otra parte, por la vía indirecta. Cabe recordar que la Administración General del Estado concede a los municipios financiación a través de dos sistemas. El primero, en función de un conjunto de variables, entre las que destaca la población. Y un segundo, destinado a los municipios que son capitales de provincia, de comunidad autónoma o que tengan más de 75.000 habitantes, requisito que ya cumple la ciudad de Santiago. En este caso la financiación se deriva de la cesión de una parte del impuesto sobre la renta de las personas físicas, del impuesto sobre el valor añadido y de los impuestos especiales sobre alcoholes, hidrocarburos y labores del tabaco (entre el 1 y el 3 %). Por lo tanto, a medida que aumenta el número de residentes, es normal que también lo haga la recaudación territorializada por esta vía. O, dicho de otra forma, el número de habitantes también influye en la recaudación por la vía indirecta en el sistema de cesión, por lo que cuanto mayor sea el importe ingresado por los impuestos estatales, las transferencias del Estado serán de mayor cuantía para los municipios que registren un aumento poblacional.

A nivel administrativo, el aumento de la población hasta los 100.000 habitantes no tendría que afectar a la actual situación de la ciudad de Santiago. Es cierto que la Ley de las Grandes Ciudades permite la gestión por distritos, lo que posibilitaría una importante descentralización administrativa para los municipios que superan los 250.000 habitantes o los 175.000 si es capital de provincia, pero como Santiago de Compostela es capital autonómica y sede de instituciones autonómicas, ya cumple con este requisito. Por lo tanto, es de esperar que el incremento del número de habitantes no tenga excesiva repercusión en la vía administrativa.

Lo que sí parece evidente, y de nuevo, estamos ante la derivada económica, es el efecto atracción que supone el aumento de la población. Cuantos más residentes existan, es normal que se incrementen las oportunidades de empleo, por la concentración de empresas, industrias, comercios y entidades públicas, lo que mejora las posibilidades económicas y laborales. Lo mismo sucede con la oferta de servicios básicos e infraestructuras, lo que redundará en mejoras notables de esta cesta de bienes y servicios tanto públicos como privados. También es de esperar que mejore la calidad de vida, gracias a una mayor y mejor oferta de ocio y cultura.

Si bien es cierto que un crecimiento demográfico en poco tiempo puede generar una elevada presión sobre los servicios, provocando congestión o problemas de escasez, una población como la que se va a alcanzar en Santiago no implicará tales problemas. Es más, tampoco deberá ser necesario redimensionar en gran medida los servicios públicos actualmente dotados, porque se trata de un aumento moderado.

Con todo, no estaría de más plantearse este ejercicio si en los próximos años se acelera este proceso y cada vez más personas piensan en Santiago como un municipio donde vivir y con más oportunidades tanto a nivel personal, familiar como laboral.

*Alberto Vaquero es profesor de Economía aplicada en la Universidade de Vigo y codirector de Red Localis.