Fray Tomás, el nuevo cura de Conxo que da la paz en misa con abrazos: «El voto que más me cuesta cumplir no es ni la castidad ni la pobreza, es la obediencia»
SANTIAGO CIUDAD
El sacerdote aspira a dinamizar la parroquia con el espíritu misionero que hizo prender en él la vocación con solo 13 años
14 oct 2025 . Actualizado a las 18:17 h.El nuevo párroco de Conxo tiene una luz especial. Fray Tomás García (Fuente el Fresno, Ciudad Real) es de esas personas que logran remover conciencias y sumar fidelidades. Tiene intacto el espíritu del misionero que fue durante 18 años en República Dominicana, donde puso en marcha un proyecto con la Fundación La Mercé que le ha cambiado la vida a 1.200 niños limpiabotas y a sus familias. Es claramente un sacerdote de acciones más que de palabras. Un inconformista que entiende la vida desde la alegría, la acogida, la entrega a los que más lo necesitan y la diosidencia. Es decir, la certeza de que Dios está detrás de todo lo que le pasa.
—Es la primera vez que entrevisto a un cura más joven que yo...
—Bueno, está Ricardo, de Sar, que es más joven que yo.
—Pero no es normal encontrarse con curas de 46 años.
—Fíjate, para mí no es nada nuevo en el sentido de que yo empecé en esta historia con trece años. No sé si hoy en día con trece años yo entraría al seminario, pero bueno, era otro contexto, otra realidad. Y que incluso más que tener la idea de ser sacerdote o no, o de ser mercedario, la idea era ser misionero. Y siempre me llamaba la atención de ellos su desprendimiento, su alegría, y el ayudar a otros que no fueran los que tienes cerca. Porque yo decía, claro, es muy fácil ayudar a los que están cerca, pero irte y ayudar a otros que tú no conoces y luego te vas dando cuenta que esa riqueza que tú recibes, esa otra familia que vas creando, eso es impagable.
—Es mercedario y le han nombrado párroco de la iglesia de la Mercé. Imagino que será especial.
—Sí, sí que lo es. Y ojalá desde aquí podamos vivir el carisma y la identidad mercedaria acercándonos a la realidad de los privados de libertad. Creo que nada es casualidad. Si algo aprendí y he aprendido con la experiencia que he ido viviendo es que todo es una diosidencia y si Dios me ha puesto aquí en Galicia...
—¿No era el plan?
—Yo me ordené sacerdote en República Dominicana en el año 2013. Lo que quería era ser misionero y quedarme como hermano, pero en República Dominicana vi otra forma de ser sacerdote y de compartir la vida sin saber que después iba a regresar a España.
—Los mercedarios añaden un cuarto voto a los de castidad, pobreza y obediencia.
—Dar la vida por los privados de libertad, por el cautivo. A mí el voto que más me cuesta cumplir no es ni la castidad ni la pobreza, es la obediencia. Siempre he tenido una lucha con la institución y con mi propia congregación pese a estar muy agradecido porque he vivido una experiencia y he encontrado un sentido a mi vivir, que va más allá de mí y de esa vocación, pero siempre, no sé, desde el acercamiento viviencial de otras personas.
—Hoy en día, hay muchas formas de estar cautivo.
—Muchas. A mí siempre me ha preocupado el tema de los jóvenes. He vivido desde República Dominicana la realidad que viven aquí muchos jóvenes, que fueron a hacer una experiencia con nosotros de voluntariado porque no encuentran un sentido a su vida aquí. Incluso por haber vivido la vida muy rápido y preguntarse qué hago con mi vida. Ese desencanto de decir que no encuentran nada que les haga felices, que les llene, que les haga levantarse todos los días. Cuando te encuentras en un país tan desigual, donde familias que tienen nada o muy poco te comparten lo que tienen y su alegría de vivir ves lo que es importante.
—¿Estamos perdiendo la alegría?
—Sí. Yo recuerdo mi niñez, en mi pueblo, que cuando teníamos menos cosas, compartíamos más. Y no lo digo en la familia, sino entre los vecinos. Quién tenía un teléfono era el teléfono del barrio, quien tenía un televisor era el televisor de todo el barrio. En la medida que fuimos cambiando a mejor, nos fuimos distanciando.
—Se le nota orgulloso de lo que hizo en República Dominicana.
—Sí, pero no por lo que hice, sino por confirmar el poder transformador de la fe, la fe en ese ser supremo, la fe que ha ido uniendo a personas muy distintas en un mismo propósito.
Misas con abrazos a la hora de dar la paz
Desde que Fray Tomás ha llegado a Conxo, las misas han cambiado bastante. Los primeros días, al acabar la celebración, iba a la sacristía esperando a que, como ocurría en República Dominicana, los fieles fuesen a saludarle y charlar un poco. «Pero no venía nadie», recuerda. Eso ya ha cambiado. Los monaguillos son otra de las novedades, como también la forma de dar la paz. El cura baja y se funde en un abrazo con los asistentes. «A mí dar abrazos me recarga. Muchas veces nuestra vida es muy fuerte y muy solitaria, así que se agradece un buen abrazo o estrechar manos», confiesa. Y, por lo que se ve, también a los demás. «El otro día, al terminar la misa, vino un señor emocionado por haber tenido ese gesto con él y con su madre», señala.
Además de tener más abierta la iglesia, otra de las novedades que le gustaría introducir en las misas de los domingos —en Conxo son a las 12 horas— es que los feligreses se den la mano a la hora de rezar el Padre Nuestro. «Yo creo que para amarnos hay que conocernos y también saber un poco lo que la comunidad necesita. Un amigo me dijo que cuando uno llega a una parroquia es como tener una mesa, puedes tirar de ella y traerla hacia ti o puedes acercarte con la silla a la mesa, pues yo estoy en ese proceso de acercar la silla a la mesa y ver, desde esa diversidad que tenemos, cómo podemos construir comunidad y dinamizarla», asegura.