Del hierro, barro y madera de los 60 se pasó al metal en los 80, y ahora crece la alimentación
07 jul 2025 . Actualizado a las 13:32 h.A finales de los años 60, el turismo inició su crecimiento hasta convertirse en una de las principales industrias de España y una de las fuentes de ingresos fundamentales de ciudades gallegas como Santiago, A Coruña, Ferrol y de localidades de las Costa da Morte y Barbanza. Con los turistas surgía un nicho de negocio, el del suvenir, que aprovecha la llegada de visitantes deseosos de comprar un detalle para obsequiar a amigos y familiares al volver a casa. El suvenir de los años 60 «no tiene nada que ver con el de ahora. Por aquel entonces se imponía el barro, el hierro y la madera. A finales de los 70 empezaba algo el metal», recuerda Manuel Villar, segunda generación de un negocio de distribución de suvenires por toda Galicia. En los años 80 llegó el metal, y en ese momento «desapareció la madera y el hierro».
Hasta los años 90, los turistas podían escoger entre hórreos, «que eran como las flamencas en Andalucía, y que también se vendían aquí; o innumerables piezas de barro, tazas, cuadros. No había, como ahora, imágenes propias de cada ciudad». Ahora, con las limitaciones en el peso y volumen de los equipajes, «el suvenir pasa a ser pequeño, poco pesado y estoy seguro de que en el futuro el suvenir que más impactará será el de la alimentación», augura Villar.
Si algo tienen en común los recuerdos es que se pueden comprar en cualquiera de las ciudades que más visitantes reciben cada año. «No faltan los imanes, que siguen siendo la estrella de los suvenires», pero junto a ellos «están apareciendo las bolsas, las camisetas, los calcetines, los baberos y las pulseras, que se decoran con la Catedral de Santiago o la Torre de Hércules». Actualmente, cada ciudad tiene su monumento estrella que suele ser el dibujo que buscan los turistas para sus recuerdos. En Santiago, la catedral y, más concretamente, el santo dos croques o el Pórtico da Gloria puede llevarse como motivo en bolsas, marcapáginas o imanes. En A Coruña, la Torre de Hércules es la imagen fundamental; en Ferrol, el cantón o el mercado de A Magdalena se pueden llevar tanto en camisetas como en tazas, imanes y camisetas. Uno de los recuerdos que cayó últimamente en desgracia es la famosa gaita gallega, al igual que las brujas, que aunque siguen estando entre las opciones de muchos establecimientos, ya no son el objeto más demandado por los visitantes.
Villar recuerda que antaño «pintábamos a mano figuras de parejas de gallegos tanto en hórreos como en cuadros y en azulejos. Se vendían piezas en madera, que ahora no tienen salida, porque el suvenir de ahora viene de China, aunque se personaliza por ciudad», lo que permitiría a un turista llevarse las mismas bolsas de tela de cada una de las urbes visitadas cuya única diferencia sería la de la imagen.
Envío a domicilio
El mayor problema para estos obsequios llegó cuando las líneas aéreas limitaron el tamaño de las maletas, lo que hizo que los visitantes se inclinaran por «piezas más pequeñas y de poco peso», quizás por eso se imponen las camisetas, «que pasaron del clásico alguien que estuvo en... se acordó de ti, a otros diseños más originales como la de Son un Toxo o Ferrol Mola».
En Breogán Suvenir, de A Coruña, Mercedes García comercializa unas camisetas «que tienen mucho éxito, que diseñamos nosotros y que tienen los monumentos principales de A Coruña». García reconoce que los imanes siguen siendo lo más vendido, pero «junto a ellos, las pulseras y las bolsas arrasan». Una de las novedades introducidas en su negocio, y también en otros de la provincia, es la página web, lo que permite al turista «escoger lo que quiere llevarse y se le envía por correo».
Juan Lamas, artesano de Silvereira: «Non é suvenir, pero claro que o mercan turistas»
La artesanía gallega mira con cierta envidia hacia Portugal, «onde defenden moito aos artesáns. É un mercado moi difícil, porque os deseños lusos están a ser moi defensores do seu. Oxalá fixeran aquí igual», señala Juan Lamas, diseñador de la marca Silvereira, que tiene su taller en Raíces (Teo). Hace 25 años comenzó trabajando la plata y el azabache, y hace 15 sacó al mercado varias colecciones de joyería en madera, que se comercializan en unas pocas tiendas repartidas por toda Galicia. Lamas no quiere que se vincule el trabajo de los artesanos con el suvenir, y tampoco «que se fale de nós como o novo suvenir, porque o suvenir, tal e como se coñece, non ten nada que ver co noso traballo». Pero reconoce que «claro que é grato que o leven os turistas. Como non vai gustarme que os meus deseños estean por todo o mundo. Eu vendo a Australia e Xapón», advierte orgulloso.
Lo que se conoce como el nuevo suvenir es la amplia oferta de artículos de artesanos gallegos, con diseños modernos, y que, además de tener un importante volumen de clientes autóctonos, atraen las miradas de aquellos turistas que buscan algo vinculado al lugar que visitan. Se trata de un turista de nivel adquisitivo medio alto. La avanzadilla de este tipo de recuerdo fue, sin duda, el encaje de Camariñas y Muxía, donde comercializan propuestas desde los 15 hasta cientos de euros. En muchos casos, la oferta se centra casi fundamentalmente en joyerías, pero también hay otras piezas que se abren un hueco entre los regalos que se llevan los turistas como son Pilgrim Bag —bolsos peregrinos— de Patricia Peiteado; o los colgantes, broches, pulseras y pendientes de Deika, ambas en Santiago. Otros ejemplos son la alfarería de Buño, el alfarero Alberto Lista de Malpica; Anaquiños de papel y Emcouros de A Coruña.