Jesús Madriñán, fotógrafo: «Retratar con una cámara del siglo XIX es elevar el selfi a otra categoría»
SANTIAGO CIUDAD
El compostelano desarrollará un proyecto en la ciudad dentro de Curtocircuíto
30 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El Festival Curtocircuíto comienza esta semana. Cambia de mes, pero continúa siendo un espacio para la confluencia de distintas disciplinas, manteniendo como eje principal los trabajos de autor y la apuesta por los lenguajes contemporáneos, siempre pegados a la ciudad. Esta vez pondrá el foco en la intersección de las diferentes artes visuales a través de una residencia artística que acogerá al fotógrafo Jesús Madriñán ( Santiago, 1984) en un proyecto centrado en reivindicar una imagen de Compostela que contraste con las tradicionales representaciones de la ciudad. «Quiero recoger testimonios de las personas que deciden llegar, quedarse o irse. Comprobar qué entra en discordancia y concordancia entre habitante y visitante a través de la fotografía analógica y el texto, para descubrir conclusiones sobre este fenómeno globalizador, sobre la riqueza cultural y la liquidación de recursos en los territorios turistificados», acierta a definir las línas de su inminente trabajo.
Se llamará Monte do Gozo. Y también tiene una explicación: «Estuve viviendo en Lanzarote. Me pasé prácticamente un año y medio sin pisar mi ciudad, y mi ausencia coincidió con la llegada de migrantes africanos que se alojaron en una de las residencias, y en otros puntos de la ciudad, según me explicaron. Me pareció una metáfora preciosa. Un complejo creado en los años 90 para recibir a peregrinos ocupado por otro tipo de viajeros que, de otra forma, también son peregrinos», dice.
Madriñán pondrá allí el foco y su impresionante cámara analógica, pero realmente cree que ese cambio social de Compostela trascendió a la llegada de los africanos. «Realmente Santiago ha cambiado, ahora es una ciudad mucho más cosmopolita», sostiene este vecino del Ensanche terminó sus estudios en Peleteiro —todavía en el Ensanche— y después estudió entre Pontevedra y Barcelona.
Sus impactantes retratos —ya ha expuesto en el CGAC, pero también en prestigiosos centros de arte y festivales de capitales del mundo— están muy trabajados, pero desde la sencillez. «Lo que voy a hacer es unir dos realidades. Yo voy a ir con mi cámara, montaré mi set y entablaré una conversación con la ciudad de fondo, sin mayor complejidad. Esa perspectiva estará ahí».
El trabajo que realizará en los próximos días tiene no termina con las sesiones fotográficas. Tras comprar las placas en Estados Unidos, tendrá que revelarlas en Madrid y hacer el positivado. Cuestionado sobre si utilizar una cámara con más de cien años es una pose o hay algo más de fondo defiende la segunda opción con tajante educación: «No es una cuestión de postureo. El mundo analógico tiene sentido, porque es como darle a todo una vuelta de tuerca. Pero lo que es más importante es la forma en la que las personas se enfrentan a la cámara, que varía». Y tiene su explicación práctica: «Yo he hecho retratos en clubes nocturnos de Roma o Londres, y te puedo asegurar que el resultado no hubiera sido el mismo si lo hago con una cámara digital. Al ser de madera, el tempo de la situación cambia. La gente cobra conciencia de que le van a hacer un retrato y entienden que necesito que se tomen ese momento para mí y para la cámara. Y que se piensen qué imagen quiere trasladar, que piensen quiénes son. Al final son retratos más construidos. Usar una cámara del siglo XIX es como elevar el selfi a otra categoría», zanja.
Pese a sus largas ausencias por trabajo, Madriñán sigue la actualidad de Santiago. «Reivindico el Ensanche», proclama, «defenestrado por comparación con el casco histórico». Se siente bien tratado por su ciudad, pero no la pis «tanto como me gustaría. Aunque es una buena señal, quiere decir que sigo trabajando».