La tasa

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO CIUDAD

07 jul 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

En el fondo, no hay materia para un serio debate político sobre la tasa turística que quiere imponer el Concello de Santiago, por primera vez en una localidad gallega. Que si la Xunta, que si el BNG... ¿el BNG? Pero si esta iniciativa no es propiamente del BNG, sino de una mayoría de la corporación compostelana y, más todavía, su origen data ya de Noriega y su testigo recogido por Bugallo. Al BNG le tocó ahora y no fue sin tiempo, después de presentar la primera propuesta a la Xunta hace casi un año, recién llegada Goretti a la alcaldía, y le vino de vuelta, cosa que ha aprovechado para modificar algún aspecto notable, como el incremento de 0,5 a 1 euro por persona y día el importe más bajo de la tasa, el de los alojamientos más modestos. En lo esencial, y sin cuestionar que, en el procedimiento, el bipartito BNG-CA haya podido acumular déficit de diálogo y consensos, parece existir una percepción general de asentimiento al cobro a los visitantes de una contribución para afrontar los sobrecostes que el turismo genera en la ciudad. Y esto nada tiene que ver con la idea de turismofobia ni con otras medidas que puedan adoptarse para regular la afluencia de visitantes en fechas de máxima presión turística, que tampoco son tantas a lo largo del año. Tiene que ver más con la extensión de una conciencia positiva de corresponsabilidad del visitante con la ciudad visitada y con sus vecinos. En esa línea van muchas de las opiniones de los turistas consultados sobre la idoneidad o no de la tasa: general comprensión y nada de no venir porque haya que pagarla. Muchos de ellos provienen de localidades donde ya existe, y casi todos —igual que usted, paciente lector— la ha pagado, y mucho más cara que lo que se pretende para Santiago, cuando ha viajado por el Mediterráneo español y por Europa. Que la tasa compostelana debería ser más justa y completa, por supuesto: debería incluir a los excursionistas, que son los que menos contribuyen, aunque su control sea complejo porque no se alojan; y debería destinar el 100 % de lo recaudado a sufragar servicios públicos relacionados con la proyección de la ciudad, que es tanto como decir todo: de la limpieza general al mantenimiento de zonas verdes, pasando por el cuidado del patrimonio o la promoción exterior. Queda una larga tramitación, con margen de mejora.