La sanitaria de Santiago que tuvo el valor de reinventarse para hacer lo que ya de niña le fascinaba: coser

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

Cocolé exhibe y pone en valor el trabajo artesanal que realizan sus alumnos en el Ensanche de Santiago. Lourdes García está al frente de esta escuela de costura, donde trabajan con grupos reducidos (de no más de 5 o 6 personas). Ella, tras formarse como profesora, se scó un máster en Patronaje, Diseño de Moda y Personal Shopper en la Escuela Europea des Arts.
Cocolé exhibe y pone en valor el trabajo artesanal que realizan sus alumnos en el Ensanche de Santiago. Lourdes García está al frente de esta escuela de costura, donde trabajan con grupos reducidos (de no más de 5 o 6 personas). Ella, tras formarse como profesora, se scó un máster en Patronaje, Diseño de Moda y Personal Shopper en la Escuela Europea des Arts. PACO RODRÍGUEZ

Lourdes García enseña desde hace 8 años en Cocolé los secretos del patronaje, corte y confección artesanal

21 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Ya de una niña, Lourdes García soñaba con ser modista. Nacida en Uruguay, su familia retornó a Galicia cuando ella tenía 2 años y se crio en el barrio compostelano de San Lázaro. Cuenta que la madre de su mejor amiga, Mercedes, era costurera y le fascinaba meterse durante las largas tardes de verano en su mundo de agujas, retales e hilos de infinidad de colores. «Mi amiga me suplicaba que saliéramos a la calle a jugar, pero a mí aquello me encantaba. A veces, la castigaban sacando hilvanes y, lo que para ella era una condena, a mí me parecía superentretenido. También cogíamos telas del faiado y jugábamos a hacer desfiles», relata una mujer con determinación, que convenció a su madre de que le apuntase a clases de costura con tan solo unos 11 o 12 años.

«Mi hermana me saca 18 años y le habían comprado una máquina de costura. No me digas cómo, porque entonces no había internet para ver tutoriales ni nada, pero yo empecé a usarla. Al lado de mi colegio había un quiosco, donde compré una revista con patrones. Y, como no tenía telas, cogí unas sábanas muy bonitas de flores que teníamos en casa para hacer una camisa. Cuando la vio, mi madre me dijo: ‘¿La has hecho tú? No sé si matarte o felicitarte'. Me gustaba tanto la camisa que la quería llevar a clase, pero como era muy grande mi madre la escondió para que no la cogiera y no la volví a ver más. Me encantaría encontrarla...», comenta Lourdes sobre su frustrado debut en la costura, pues nunca llegó a estrenar esa prenda.

A pesar de tener vocación de modista, Lourdes se formó como sanitaria. Trabajaba en el hospital hasta que se quedó en paro y decidió entonces «dar un vuelco a mi vida, comenzar a creer en mí misma y dedicarme a lo que realmente me gustaba». Con treinta y pico años empecé a estudiar en la escuela de Susa Suárez: «Con mucho esfuerzo, compaginando siempre el trabajo, los estudios y el resto de ocupaciones, me titulé como profesora de corte y confección, patronaje y diseño. Mi idea no era ser docente, sino tener mi propia marca, pero iba a unas clases de costura de cuero por aquel entonces en Bertamiráns (Ames) y mi maestra me dijo que buscaban gente en Espacio Lápices para enseñar a coser. Yo estaba a punto de titularme, fui y para mí fue un descubrimiento». Ese fue el germen de su escuela de costura, Cocolé, que abrió en el 2016 en Compostela, a sus 43 años: «Empecé en un local pequeñito, una entreplanta de la rúa República de Arxentina, donde estuve 7 años, y en septiembre nos trasladamos a un espacio más grande, en Romero Donallo».

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Allí enseña «en grupos reducidos para dar una atención personalizada», aclara, los secretos del patronaje, corte, diseño y confección artesanal a alumnos que van desde los 18 a los 80 años, tanto a personas que se inician como a otras que necesitan perfeccionar su técnica de cara a la profesionalización. Su sueño de crear su propia marca lo tiene «aparcadito», dice la maestra, pero no renuncia a él. Lourdes explica que las clases de costura cambiaron mucho: «Antes íbamos, sobre todo, para sacarnos una titulación. Ahora el 90 % asiste por afición, para distraerse o simplemente porque le gusta aprender o encontraron en la costura una forma de evadirse. Hay mucho chico y hombre, además de gente joven que está empezando a hacer su propia ropa o quiere tunearla a su gusto». Explica Lourdes que es inmensamente gratificante para ella ver las caras de satisfacción del alumnado al ver que de un trozo de tela, que llevan ellos mismos sacan adelante sus proyectos:« Aquí partimos de cero. Dependiendo del nivel, empezamos con cosas muy sencillas o vamos ya a prendas o complementos muy elaborados, en función siempre de lo que demanden y de las inquietudes que tengan: puede ser un bolso para ir a clase, una bata para trabajar, un abrigo para el invierno...».

¿Y de dónde salió el nombre de Cocolé? «Cuando comencé, hacía ropa y utensilios para niños con bordaditos. Cocole en italiano significa mimo o mimoso y, para acercarlos al español, le puse ese acento final. No tiene otro origen», responde el alma máter de la escuela de costura santiaguesa.