La catalana que se enamoró de la frondosa Compostela y la inspiró para hacer arte botánico

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

Sandra Alonso

Rocío C. Alguacil cuenta que todo empezó con un sueño en el que recogía plantas en el monte y hacía con ellas «un cuadro precioso»

16 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde muy pequeña, Rocío C. Alguacil sintió una atracción especial por la naturaleza: «Siempre me ha gustado y relajado salir a pasear por el campo e íbamos a menudo a la montaña a pasar el día. Yo me crie en Badalona (Barcelona) y echaba en falta más parques en la ciudad. Por eso, cuando en el 2014 me mudé a Santiago y descubrí todas las zonas verdes tan maravillosas que hay aquí, me enamoré instantáneamente de esto». La catalana de 42 años aclara que ya conocía la capital gallega antes de trasladarse a ella, aunque la había visitado como turista y no había llegado a conocer el patrimonio natural que atesora. «Hacía tiempo que llevaba buscando trabajo en mi tierra y no encontraba. Quería un cambio de aires y ya había estado aquí varias veces, tenía varias amigas en Santiago y decidí probar... hasta hoy», relata Rocío, quien encontró la inspiración en la flora local para hacer arte botánico artesanal.

Empezó con esta afición hace un año y medio, a raíz de un sueño, confiesa esta trabajadora del sector de la limpieza: «Tuve uno de esos sueños de los que te levantas feliz, con el alma llena. Soñé que estaba en el monte recogiendo flores y me hice un cuadro precioso con ellas. Estaba emocionada con la idea y esa misma mañana me puse a investigar sobre el proceso de prensado, cómo hacer la recolecta para no dejar la planta sin flores ni dañar el arbusto... Luego, hice un curso de iniciación para principiantes y me enganché». Arrancó haciendo marcapáginas y usando libros como prensa. A los dos meses ya había dado forma a su primer cuadro y hoy acumula una docena de ellos en su casa, sin contar los que ha ido regalando; hasta se ha hecho su propia prensa casera.

No descarta Rocío vender en un futuro sus creaciones, un proyecto que da a conocer en las redes sociales a través del perfil El Rocío de Santiago, donde invita a sumergirse en «la belleza única» de esta ciudad en cada uno de sus cuadros. En ellos colaboran algunos de sus vecinos con huertos o jardines, quienes les dan flores y hasta tréboles tras saber de su afición por el arte botánico. «A mí me encanta pasear en primavera y verano junto al río Sarela, que pasa por detrás de mi casa, y voy con mi cestita de mimbre recogiendo salvia, geranio silvestre, bidens, eucalipto, dianthus... En el campus cojo, cuando florece, la flor del almendro, que es de las primeras que prensé, además de una planta de jazmín que tengo en la terraza de casa [junto con camelias] y significa muchísimo para mí, porque me recuerda a mi madre y mi abuela».