La muerte de Denis

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO CIUDAD

Denis nunha imaxe recente nos soportais de Acibechería.
Denis nunha imaxe recente nos soportais de Acibechería. Carmen Rabuñal

18 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Los testimonios de afecto y dolor que hoy, casi dos semanas después de su fallecimiento camino del hospital, se renuevan en la que era la sala de estar y el dormitorio de Denis, suelo de piedra, techo de cielo, merecen una reflexión de autocrítica al que todos nos debemos si queremos hacer de Compostela una ciudad verdaderamente solidaria. Porque la solidaridad no es una casa común que se edifique sobre cimientos de eslóganes y grandes palabras —las de políticos que al mismo tiempo tapian el cobijo de las personas sin hogar— sino sobre hechos emanados del entendimiento con personas que son como usted, querido lector, y como yo, personas que tal vez no han tenido o no han podido ver otra salida que llevar una vida al margen, ofuscada por frecuentes adicciones o sin recursos para aplacar esos reveses que te da la vida y que, en ocasiones, impiden que te levantes y sigas adelante con una cierta «normalidad». Es evidente que en Santiago hemos avanzado poco, o no hemos avanzado lo suficiente, para derribar los muros que apartan a las personas sin hogar. El argumento de la autoexclusión es una falacia tranquilizadora de malas conciencias, y el de la tutela es socialmente voluntarioso pero a menudo baldío porque pone límites paternalistas a ese sentimiento (por tanto, subjetivo) de libertad al que aspira todo hijo de vecino. Modelos de éxito hay para tratar el sinhogarismo, y no estaría de más tenerlos en cuenta.