Ni matcha ni espirulina, esta tarta es de ortiga gallega y está de vicio

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

Jessica, de Lusco Fusco, muestra su tarta de ortigas. La receta es resultado de «documentarse y consultar tanto con expertos que saben de botánica como con gente mayor que lleva toda la vida aprovechando los recursos naturales. Yo llevo mucho tiempo interesándome por las plantas de aquí, tanto las comestibles como las medicinales, porque creo que es importante apreciar todo lo que crece de forma salvaje en nuestros montes.
Jessica, de Lusco Fusco, muestra su tarta de ortigas. La receta es resultado de «documentarse y consultar tanto con expertos que saben de botánica como con gente mayor que lleva toda la vida aprovechando los recursos naturales. Yo llevo mucho tiempo interesándome por las plantas de aquí, tanto las comestibles como las medicinales, porque creo que es importante apreciar todo lo que crece de forma salvaje en nuestros montes. MALENA FERNÁNDEZ

Jessica reivindica desde Lusco & Fusco Bakery, en Santiago, la puesta en valor del producto autóctono que es infravalorado

18 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Ni matcha asiático, ni espirulina de la Conchinchina, ni farrapos de gaita verdes. La tarta con la que Jessica Mackowick ha conseguido sorprender a propios y extraños es de ortiga gallega. Es una de las últimas creaciones de la estadounidense para el negocio que dirige desde hace siete años en Santiago, Lusco & Fusco Bakery Café, y detrás de esta rica y original receta se esconde una reivindicación del producto que nos rodea y que es infravalorado. «Llevaba mucho tiempo queriendo hacer algo de este estilo, y no necesariamente con ortigas, con plantas autóctonas que fuesen comestibles», indica la repostera, quien reconoce que ha sorprendido tanto que hasta una pareja cambió su tarta de boda por esta hace unos días. «La vieron en Instagram y, aunque tenían planeado otro tipo de pastel, les interesó mucho porque querían hacer una celebración con cosas que representasen a Galicia, al tener muchos invitados de fuera».

En las redes sociales Jessica presentó su nueva propuesta acompañada de un alegato: «Yo siempre digo que en Galicia vivimos en un verdadero paraíso de la comida. No solo tenemos de todo (pero literalmente: frutas, verduras, carne, pescado, marisco, leche, queso, vino, pan, fabas, miel, castañas, y mucho, mucho más), sino que también es de una calidad difícil de encontrar en muchas otras partes del mundo. Y aún así, a veces nos empeñamos en buscar cosas exóticas, novedosas, y trending, en vez de apreciar lo que tenemos delante. Hace unas semanas mostré esta tarta y muchos pensaban que era de matcha, pero está hecho de nada más ni menos que ortiga común de toda la vida, recogida de un campo de toda la vida. La ortiga es una planta que muchos hoy en día llaman maleza, a pesar de que no solo es totalmente comestible sino que también aporta muchísimos beneficios. Añadimos un toque de menta (que, por cierto, también crece salvaje por toda Galicia), y tenemos una tarta vistosa y novedosa con algo que crece gratis y abundante, y que simplemente tenemos que ver de otro modo».

Cuenta esta americana, orgullosamente galleguizada, que hizo una primera prueba que expuso en la vitrina, aunque no estaba a la venta, «y mucha gente preguntaba por ella». Por el momento, solo la hace bajo demanda y comenta que la pregunta más habitual «es si pica, pero, una vez tratada y cocinada, la ortiga no pica. Tiene un sabor muy suave e interesante, a verde, y combinado con el toque fresco de la menta y una cobertura de crema de queso, como la de la tarta de zanahoria, queda genial». Firme defensora del producto de temporada y local, la pequeña empresaria no descarta probar a hacer dulces con otro tipo de especies «muy conocidas y poco apreciadas, como el toxo».

«Hay plantas que crecen gratis, sin ser cultivadas ni invertir en semillas ni riego, en las huertas de cada persona, en cada rincón de la finca, en cada descampado y en los montes públicos, y no son lo suficientemente apreciadas. Es verdad que, como con las setas, hay que investigar primero antes de experimentar y no se puede coger cualquier especie y meterla en la boca. Hay que saber cómo usarla y tratarla», advierte. Para ella, su tarta de ortigas representa de alguna forma «el desprecio a los montes que hay en Galicia, de los que parece que solo se acuerdan muchos cuando hay incendios. Los tratamos como espacio perdido y no les sacamos provecho, cuando realmente tienen una riqueza enorme y mucho que aprovechar y potenciar. Lo construido no es siempre progreso. El patrimonio natural no se valora aquí y un ejemplo de ello es cuánto nos gusta lo novedoso y lo exótico, como el matcha, pero no nos molestamos en mirar lo que tenemos delante. Hablo de la ortiga, el diente de león, la manzanilla... Todas son especies comestibles que brotan de forma natural y no hace falta ir a un súper para comprarlo».